¨Se trata de una trilogía compuesta por ¨Campo de Girasoles¨, dado a conocer en julio de este año, por ¨El hombre que llegó¨ (aún inédito) y finalmente Campanulario¨..
¨Dice Serrano que estos poemas de Campanulario fueron escritos en su adolescencia, allá en los albores de los años ´60 y comienza el prólogo pidiendo disculpas por sacar viejos apuntes de cuadernos del secundario. Me atrevo a no disculparlo, fundamentalmente por haber guardado y así vedado a sus congéneres de estos poemas por 40 años. No es una problemática adolescente, como no son poemas de adolescente ninguno de los versos de ¨Una temporada en el infierno¨ de Arthur Rimbaud, escritos por un joven de 17 años.
¨Como el mismísimo Rimbaud, Serrano penetra en un mundo de sensualidad y muerte, duelo por el tiempo que fue y dolor por lo perdido, por lo no encontrado, por las ilusiones derribadas, por las mujeres encontradas que irán destruyendo una romántica idea que choca y se golpea contra la realidad.
¨Estos sonetos; aunque algunos no lo son, la mayoría tiene son de soneto; son como tangos, por el amor sensual, por las penas, por las pérdidas, por las urgencias clandestinas. Quizá la génesis la podemos encontrar en un soneto que dice: ¨...¿Por qué me abandonaste/ entre trastos nulos y excesivos/ mientras los roedores de mis sueños/ me buscan y persiguen con cuchillos?¨. Digo el principio de la pista ya que el poema está escrito a un padre que abandona en la muerte, que no deja otra cosa que la ausencia y la soledad. Y la labor de aprenderlo todo sin guía ni soporte. De allí un mundo que se abre con preguntas sin respuestas o que como toda respuesta da la encrucijada de lo empírico.
¨Entonces otras preguntas: ¨Por qué mi amada pone tanto empeño/ en retenerme cuando ya es de día/ y el sol se filtra por la celosía/ para anunciarle que se va su dueño?¨ o ¨¿A quien puedo entregar esta pasión/ por clandestinos pubis y cinturas,/ que abruma (...) al amador¨.
¨En sus preguntas, en sus reflexiones metafísicas, filosóficas, profundamente arraigado a la vida, Serrano dice: ¨No hay luces ni testigos. Sobre las superficies / glaciales los segundos febriles se amontonan. / Nadie en la casa. Nadie que sucio viene / hasta mi temerosa incertidumbre de hombre./ y luego va y dice:¡Qué pequeño que eras / el día que te fuiste, muchacho, de mis brazos!./ Nada respondo a Nadie. El solo representa: / ¿Y ahora, tan mayor, por qué volviste? / (Él, claro, desconoce, que siempre será Nadie).
¨Así ese Nadie-Padre, que no ha dejado otra cosa que ausencia, permite encontrar en el poema la pregunta y en la realidad la respuesta y así: ¨Allí están sus pezones, el olor de su axila, / y la entrepierna con menudos vellos,/ tan sólo piel y escamas, / con besos elocuentes / y manos transgresoras. / Segregan y resbalan / destilan y resuman, / salen, entran, discurren entre roces; / ¡es que de ver el peso de las alas, / que calza a sus espaldas!.¨
¨Entonces nuestro personaje va entrando sin vergüenza en la vida de las preguntas sin certezas, alejándolo de las eficacias irreparables de la infancia: ¨A dónde me levan los tranvías? ¿Acaso regresaré a mi infancia? / ¡Por Dios! No, no, que no me devuelvan a esos días...¨.
Campanulario, del campanense por adopción Oscar Serrano, es un libro de una lectura profunda.



