Nos mandaron esta historia, la que se completa con nuestro granito de arena, espera el vuestro:
¨El dueño de una empresa gritó al administrador, porque estaba enojado en ese momento.
El administrador llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de gastar demasiado, al verla con un vestido nuevo. La esposa gritó a la empleada porque rompió un plato. La empleada dio un puntapié al perro porque la hizo tropezar.
El perro salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por la vereda, porque obstaculizaba su salida por la puerta.
Esa señora fue al hospital a vacunarse contra la rabia y gritó al joven médico porque le dolió cuando le aplicó la vacuna. El joven médico llegó a su casa y gritó a su madre, porque la comida no era de su agrado. La madre le acarició los cabellos diciéndole:
-- ¨ Hijo querido; mañana te haré tu comida favorita. Tú trabajas mucho, estás cansado y necesitas de una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas para que descanses con tranquilidad.
Mañana te sentirás mejor¨. Luego abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos...¨
Cuántas veces podemos ver en los actos de los otros, situaciones que nos impactan: en este caso el protagonista recibe y devuelve exactamente de la misma manera, como en un especial partido de ping- pong, en el que ambos a la manera de contendientes muestran sus fuerzas y el partido podría continuar por los siglos de los siglos...
Pero, a buen observador ninguno de dichos contendientes mostraría así su fortaleza.
Eso es lo que parece investir al personaje de la madre, quien a riesgo de parecer débil, para la pelota. Y con su accionar podría permitir que sigan partidos o el detenerse permita reflexionar cuánto se ataca en el otro a los más amados y en una instancia más profunda a un reflejo de sí mismo.
Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano.
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