El autor de Campanulario, (epígrafe neologístico misteriosamente sugestivo) nos entrega un poemario con la opción, para el lector, de recabar disculpas por versos escritos entre los dieciséis y diecinueve años, cuando a esa edad, sus vocaciones literarias nos permitían apreciar hechos creativos alineados en cuentos o poesías que, siguen sorprendiéndonos, al posibilitar íntimos diálogos, entrelazando la espiritualidad de su versos ´mortales´ - como Serrano califica - con la avidez de sus actuales lectores, quienes, para su regocijo lírico agradecen a Oscar Serrano la feliz iniciativa de obsequiarnos todo el esplendor de su estilo.
Desde la página 1 ´Del Candor´, el joven rapsoda la vida a los versos de un soneto que nos devuelve la imagen impoluta de un niño con ensueños pueriles: ¨Cuando niño creía que los sapos/ eran los fabricantes/ de todas las burbujas de los charcos/ jaspeados por el rojo poniente¨/.
La pasión, en el retorno esperado del poeta, nos habla del amor, la noche y las estrellas, los naranjos, el desánimo, los árboles del Paraíso, de Adán y Eva y se suman, en sucesión vertiginosa de sensaciones pobladas de duendes y fantasías, ser amado, teniendo en cuenta que la poesía no es enigma indescifrable, ya que su decodificación permite atisbar, en su lectura, supuestas abstracciones que al imaginario del cómplice lector resultan circunstanciales de fácil interpretación sensorial.
Serrano ya le dio a Campana, el fruto de investigaciones históricas que sus pares respetan por la seria responsabilidad que imprimió a sus estudios, además del ejemplar dominio de la narrativa con cuentos que denotan su fecunda madurez creativa.
Campanulario posibilita el diálogo íntimo con su autor, buceador impenitente del alma humana, permitiéndonos asomarnos a una pasión amorosa y erótica que nos orienta para el rescate de versos del poeta John Donne: ¨que la muerte es muerte, porque nos separa¨, donde el vate inglés nos habla del amor sin insertar, necesariamente, el vocablo, para entender la significación del poema.
La página número 4, titulada precisamente Campanulario, se inicia con estos versos: ¨Te esperan las penumbras de mi infancia/ donde la primacia de mi boca/ prende su estrofa y toma el rendimiento/ del ritmo oscuro y niño de las ansias/ que asoma y desarma el sílex sin matarme./
Serrano sigue creciendo biológicamente y temperamentalmente, desbordando profundidades de oníricas imágenes que transitan sin desmayos un mundo incontenible de tempestades, furias, pájaros y cuerpos, sin hesitaciones o pausas que le impidan, a su vuelo poético, avanzar sin detenimiento, como lo sugería Goethe.
No existe poema donde la ficción de sus versos dejen de ajustar, de alguna manera, los hechos o sensaciones irreales, por las exigencias técnicas de la estructura lírica: en esto Oscar Serrano es contundente.
Es escritor y poeta, desde sus años jóvenes y hasta esta madurez intelectual, nos sigue alimentando para que, con la luminosidad de su pasión creativa, siga dando motivo y razón a nuestra inveterada forma de sentir y amar la poesía.
El libro, con impecable edición de Dunken, tiene tapa ilustrada por Ezio Mollo, oportunidad para que el pintor recree un paisaje insular que determina esta ocasión para admirar el talento del artista campanense.
El autor es presidente del Centro de Estudios Literarios y Periodísticos del Taller Escuela Mariano Moreno.



