Buenos Aires, (Especial de NA por Martín Hermida)- El estilo del Presidente y la forma en que trabajaron sus hombres le permitieron al Gobierno salir, en una semana, del atolladero en que habían quedado atrapadas las relaciones entre la Argentina y los Estados Unidos, aunque para conseguirlo hayan tenido que mover algunas piezas que no pensaban desplazar en el tablero de las relaciones internacionales.
Y a pesar de ese logro que consiguieron traer desde México, no quedan dudas de que aún hay una larga lista de temas en la columna de las ¨diferencias¨ que mantienen los dos países, algunas de las cuales -como por ejemplo las visiones encontradas en puntos conflictivos para la región como la situación de Venezuela y Bolivia- podrían convertirse en un dolor de cabeza en un futuro cercano.
Aquello de las piezas que en el Gobierno decidieron mover para aflojar tensiones y evitar mayores entredichos tiene que ver con las idas y vueltas generadas en torno al posible viaje del presidente Néstor Kirchner a Cuba, que había comenzado a barajarse con febrero como fecha tentativa y que ahora quedó, tal vez, para más adelante.
A pesar de que se trabajaba fuerte y detrás de bambalinas se venía fogoneando la posible visita de Kirchner a la isla caribeña desde que en octubre pasado el canciller Rafael Bielsa había estado en La Habana, en los últimos días -en rigor antes de que el Presidente partiera hacia México- ya había comenzado a ¨caerse¨ el eventual viaje, hasta que finalmente el propio jefe de Estado anunció su decisión de no volar hacia la capital cubana, al menos por ahora.
Funcionarios de distintas áreas del Gobierno salieron a afirmar, como era obvio que lo hicieran, que la decisión no estuvo motivada por el fuerte cruce verbal que se había registrado una semana antes entre las autoridades argentinas y norteamericanas, generado a partir de los cuestionamientos de Roger Noriega, secretario para Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado.
¿Pero aquel planteo de Noriega -hablando del ¨giro a la izquierda¨ de la Argentina y cuestionando la política exterior de la administración Kirchner, por ejemplo en torno a la cuestión cubana y al régimen de Fidel Castro-, hecho apenas una semana antes del encuentro cara a cara Kirchner-Bush, no fue una jugada deliberada y precisa para ¨forzar¨ de algún modo el no-viaje del Presidente argentino a La Habana?
Tal vez pudo haber sido así -más allá de las lógicas desmentidas y explicaciones oficiales-, aunque el Gobierno argentino dejó en claro que no retrocederá del todo en ese camino: este año, cuando haya que expresarse nuevamente en el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el Ejecutivo reiterará el voto de abstención ante el pedido norteamericano de condena al régimen de Castro por la situación política y humanitaria en la isla.
Justamente porque el tema Cuba integra esa lista de puntos donde persisten diferencias entre ambos gobiernos y porque la administración norteamericana sabe hasta dónde llegará la Argentina, es que ni siquiera fue tocado durante la entrevista de 45 minutos -media hora más de lo pautado inicialmente- que Kirchner y Bush mantuvieron en Monterrey esta semana.
De lo que sí habló Bush en la reunión fue de dos cuestiones que le preocupan y mucho a Washington: la situación institucional en Bolivia y el dolor de cabeza permanente que implica la Presidencia de Hugo Chávez en Venezuela.
Tal vez esas dos preocupaciones adquieren mayor dimensión por tratarse este de un año electoral en los Estados Unidos y por el peso que tiene para Bush el voto latino, el mismo que lo ayudó en el Estado de Florida a inclinar la balanza a su favor en los comicios del año 2000.
En la opinión de analistas y funcionarios, a Bush le interesa sobremanera que quede claro en todo el continente -en especial en Brasil y Argentina, los dos referentes más fuertes de la región- sus reservas hacia el líder cocalero boliviano Evo Morales (incluso desde Washington se lo vincula con la guerrilla colombiana y temen que sea un factor ¨desestabilizador¨) y la férrea oposición a Chávez (en la reunión con Kirchner, el presidente norteamericano lo tildó de ¨demagogo¨).
Kirchner, a su vez, se mostró decidido a apoyar política y económicamente al gobierno del actual presidente boliviano, Carlos Mesa, y señaló que junto a Lula Da Silva mantiene un contacto permanente con Chávez, en resguardo de la situación institucional.
Y con respecto al último punto, si bien esa respuesta podría interpretarse como un cierto alejamiento de una postura más afín a Chávez, el propio presidente venezolano sorprendió anunciando para marzo una ¨cumbre¨ entre él, Kirchner y Lula, quienes coincidirán el 28 y 29 de febrero en un encuentro de los presidentes de los países del Grupo de los 15 en la ciudad de Guayana, en el sur de Venezuela.
La frase de Chávez al anunciar la reunión fue una espina dedicada casi especialmente a Washington: insistió con su idea de conformar un ¨eje Caracas-Brasilia-Buenos Aires¨ y dijo que con ello quiere comenzar a mostrar ¨un nuevo rostro en América latina, donde sea posible un nuevo modelo de desarrollo¨.
Lo que pueda pasar en relación a estas dos naciones -más un cúmulo de temas complejos para toda la región, como las negociaciones por el ALCA, las diferencias comerciales, la cuestión de los subsidios y las posiciones que adopten los países del continente frente a la posguerra en Irak- puede convertirse en un buen termómetro para ir midiendo la temperatura de las relaciones entre Argentina y Estados Unidos.
Que ya no son ¨carnales¨ parece haber quedado claro para todos. Habrá que ver cuál será, finalmente, el cariz que tomen de ahora en más.



