En el último año, recurrentemente, los medios de comunicación nos han contado sobre casos de hepatitis, en particular de los que toman relevancia en los medios por ser ¨fulminantes¨. Calificación que no entendemos mucho más allá de lo que importa: ¨alguien se está muriendo¨.
Lamentablemente, esta proliferación de casos, no ha sido una percepción subjetiva provocada por los medios. Según datos oficiales del ministerio de Salud de la Nación, en el 2002 se registraron unos 25.500 casos de hepatitis A, en tanto que en el 2003 se detectaron unos 42.000 en todo el país. Lo cual indica un 75% de aumento, en tan solo un año.
Las provincias donde más se notó el aumento fueron Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Mendoza, Salta y Santiago del Estero.
Los más afectados por el virus de la hepatitis A, son los niños, quienes pueden cursar la enfermedad sin el síntoma característico de ponerse amarillo, lo que hace que el contagio ocurra sin que los adultos puedan prevenirlo. En cambio, cuando la enfermedad ataca a personas de más edad, las manifestaciones son más evidentes y obligan a un reposo de entre 25 y 35 días.
La hepatitis viral es una enfermedad infectocontagiosa que desencadena daño hepático difuso de intensidad variable, desde alteraciones mínimas, hasta la necrosis masiva aguda (hepatitis fulminante).
La infección está producida por varios tipos de virus y por ello se caracterizan como, hepatitis A, B, C, D, E, F y G según el tipo de virus causante en cada caso.
La Hepatitis A se contagia por vía oral y fecal a través de ciertos alimentos, agua o materiales contaminados. Entre el contagio y la aparición de síntomas (período de incubación) transcurren de 15 a 50 días.
La Hepatitis B se contagia por la sangre (sangre o agujas contaminadas), por el sudor, semen, saliva o lágrimas y secreciones vaginales, a través de heridas o mucosas. También se trasmite a través de la placenta al feto, y a través de contactos sexuales.
La Hepatitis C y D son de parecidas características a la B.
El virus Hepatitis E se transmite igualmente por vía fecal-oral, comprometiendo especialmente a adultos jóvenes y aparece en brotes epidémicos por contaminación de las fuentes de agua al beber. Se han descrito epidemias con frecuencia, después de inundaciones provocadas por lluvias, que han arrastrado materia fecal a las fuentes de agua. Especialmente en países en vías de desarrollo, donde el sistema no está preparado para hacer la contención sanitaria necesaria.
Cuando se presentan complicaciones en alguna de estás hepatitis virales, las mismas pueden derivar en:
HEPATITIS FULMINANTE: Por destrucción masiva de células hepáticas que origina una disfunción hepática severa, desencadenando un grave trastorno metabólico, que progresa rápidamente al coma y la muerte. Todos los virus de hepatitis pueden producirla. Pero en nuestro país la hepatitis A, es la que más casos de este tipo presenta y es considerada como causa más frecuente de los trasplantes hepáticos agudos.
HEPATITIS CRÓNICA: Reacción inflamatoria crónica que se prolonga por un periodo superior a 6 meses sin evidencia de mejoría. Se observa en 5 a 15% de las hepatitis B y hasta un 60% de los pacientes con hepatitis C. Los virus hepatitis A y E no provocan Hepatitis Crónica.
La hepatitis fulminante es una entidad poco frecuente y de muy mal pronóstico. Antes del advenimiento del trasplante hepático la mortalidad era superior al 80%. Luego de la década del 80, el trasplante hepático aparece como el único método para poder salvar a los pacientes graves.
Las causas de la hepatitis fulminante son diversas: desde no aclaradas, hasta por hepatitis virales con excepción de la tipo C (se cree que solo pude provocarla en caso de asociarse con la tipo A). También, se pueden encontrar causas tóxicas (tanto de elementos naturales como medicamentosas) y otras, como hepatitis autoinmune, linfomas, leucemias, eclampsia, paludismo y drogas ilícitas (éxtasis).
Como vemos la hepatitis es un enemigo que no carece de estrategias. ¿Cuáles son las nuestras para defendernos de ella? La VACUNACIÓN ES IMPRESCINDIBLE, pero no suficiente. Debemos educarnos y educar, sobre lo importante e ineludible que es lograr un buen saneamiento e higiene personal.
Poner especial énfasis en el lavado de manos y la eliminación sanitaria de heces, disponer de agua potable para consumo humano, eliminar las aguas servidas y manipular los alimentos de manera higiénica.
El aseo de baños se debe realizar en orden sucesivo desde lo más limpio a lo más contaminado para evitar la diseminación de gérmenes.
Respecto de la limpieza en la cocina, antes de iniciar el aseo hay que eliminar la basura. La superficie de mesas y mesones debe hacerse cuantas veces sea necesaria y el suelo debe lavarse una vez al día. Todo esto y más no solo como método de no-propagación, sino como PREVENTIVO de ésta y otras enfermedades que avanzan sin descanso.
Ya es hora que para los argentinos ¨lavarse las manos¨, no sea solo una expresión figurativa de una conducta social reflejo de nuestra idiosincrasia y se use como un enunciado literal, cotidiano e indispensable, para mejorar nuestra calidad de vida.



