Desde hace mucho tiempo, nuestra zona, se convierte año tras año en una parte fundamental del campo productivo nacional. Contamos con empresas de producción de reconocidas marcas y grupos, en donde demuestran tener las más altas tecnologías para la producción.
El flujo incesante desde la apertura actual del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), ordenó a los industriales de nuestra zona, a convertir el lugar en tránsito obligado de camiones y barcos de transporte de ultramar.
En estos últimos meses, el repunte del crecimiento de las producciones, trajo grandes ganancias, en especial a las industrias químicas, petroquímicas y metalúrgicas. Éstas nunca perdieron, aún estando en crisis el país, pues el mercado a que se dedican está siempre en constante expansión y lograron afrontar las futuras inversiones, para seguir compitiendo en el resto del mundo.
Sí bien el Estado, desde Duhalde hasta ahora, garantizó un aumento salarial, en consenso con las industrias, sin cubrir el licuado de los sueldos por la devaluación e inflación. Solo se trató de hacer callar demandas que se escuchaban dentro de las industrias, en especial las que se encuentran entre los rubros arriba mencionados, logrando encausar los malestares y evitar conflictos obreros en la floreciente economía, aparte de sumar puntos a esta gestión.
La semana pasada, el Instituto Nacional De Estadísticas y Censos (INDEC), anunciaba con una nueva medición poblacional, el aumento del empleo en un 4.5%. Hoy lo podemos ver en nuestra zona un importante movimiento de obreros de la construcción, rubro que hoy se encuentra en aumento después de una fuerte caída en los años anteriores y con esto la explotación, no sospechada, sino real.
También es bueno denunciar que estos compañeros son utilizados como ovejas por dirigentes que, a punta de pistolas y balas, toman y ganan elecciones sindicales. Aprovechando a las empresas de las zonas en su auge de exportación y rentabilidad, por el costo de la mano de obra, negocian el maltrato a contrato de estos obreros. Por pocas monedas son llevados como ganados y dejados a la deriva si uno de los camiones se descompone debido a su antigüedad. Ni hablar de un seguro de vida, de trabajo o tener un ingreso mínimo, cuando la paga es apenas u$s 0.40 la hora y el trabajo supera las 10 horas. Escuchar por televisión local, los discursos xenófobos que estos pícaros dirigentes escurren, pretendiendo ser defensores de la clase obrera, provocando el enfrentamiento entre ellos y no la solidaridad. Es vergonzoso ver como varios compañeros son maltratados, así en construcción, como en industrias de gran porte, que con las famosas políticas de miedo, llevaron al atraso de las movilizaciones que en un momento se conseguían en el gremio metalúrgico. Hoy desintegrado y aplastado por la corrupción con nombres y apellidos.
En nuestras ciudades, estas mafias sindicales y empresariales, son las que obligan y trabajan para destruir todo lo que hemos logrado en años de luchas y conquistas. No depende de un gobierno que apoya estos métodos cambiar el contexto histórico de marginación y explotación. Depende de los trabajadores organizados. Luchar para recuperar lo perdido, defender lo que tenemos y echar a los que, por dinero, nos venden como ganados.
dariomartinamaru@yahoo.com
El autor es miembro del Centro de Estudios Literarios y Periodísticos del Taller-Escuela Mariano Moreno.



