Buenos Aires (Especial para Noticias Argentina, por Daniel Casal) -- La decisión ya está tomada: si el Fondo Monetario Internacional posterga la señal sobre la aprobación de metas del último acuerdo, el martes que viene no será pagado el vencimiento de 3.100 millones de dólares.
La nueva confirmación partió del más alto nivel oficial a poco de conocerse la renuncia de Horst Köhler a la titularidad del Fondo, y el anuncio del interinato de la áspera Anne Krueger.
El presidente Néstor Kirchner lo ratificó durante una reunión que mantuvo en la Casa Rosada con el ministro Roberto Lavagna y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Luego de ésta se reiteró: ¨si el Fondo no aprueba la segunda revisión del acuerdo, no se hará el desembolso¨.
De ocurrir esto se entraría en default con el organismo, aunque se debe aclarar también que no quederán clausuradas en forma definitiva las negociaciones.
Eso si, se tenderá a espesar el ya enrarecido clima y las presiones se multipicarán. Además, habrá que observar al reacción de los mercados.
El alejamiento del número uno del Fondo tuvo la razón explícita de que será candidato a la presidencia de Alemania, pero el controvertido ¨caso argentino actuó para el como una suerte de mochila que cada día se le hacía más pesada y hasta se puso en duda su reelección.
Sin embargo, la postura del Fondo de receta única para todos los casos es duramente criticada desde hace tiempo, sobre todo, desde la crisis asiática.
Y en el medio de esa tormenta cayó el mayor default de la historia, en un marco internacional complejo, con los Estados Unidos desplegando casi una guerra global y dejando en el olvido a la región.
También se cortaron los megapaquetes de financiamiento para socorrer a los países con severos problemas económicos, una misión para la que fue creado el organismo de crédito.
Los cuestionamientos hacia la receta única fue hablada licitada hace unos días entre K™hler y el presidente de Brasil, Lula da Silva.
El funcionario alemán admitió que se debía dar más libertad a los países en el diseño de sus políticas. A las pocas horas renunció a su cargo.
El país vecino tuvo el año pasado una caída de su PBI por primera vez en once años, debido a las política de ajuste consensuada con el organismo.
Y practicamente, no pudo aplicar los planes sociales que Lula había anunciado con bombos y platillos durante la campaña electoral.
Ante esto, Néstor Kirchner se adelantó a plantearle a Lula, una estrategia común para el tratamiento de la deuda.
El mandatario brasileño habló de encarar estrategias en conjunto, pero no una discusión codo a codo ante el Fondo Monetario.
Sucede que la posiciones son muy diferentes, porque hoy Brasil es casi el país mimado por la comunidad internacional por el plan de ajuste aplicado en el último año.
Mientras que muchos quieren enviar al destierro a la Argentina por su postura con la deuda externa.
Lula se siente cómodo en ese lugar de confianza que obtuvo en el mundo y confía en que a partir este año su país vuelva a la senda del crecimiento.
Resulta casi obvio razonar que, en este marco, poco puede ganar Brasil negociando en conjunto, y con un aucerdo en marcha y con el que cumple a pie juntillas.
Por otra parte, siempre sobrevuela el tema de la pretensión hegemónica del vecino y el ansia de liderar la región que no niega el mandatario brasileño.
Esto lo llevó a mediar por la Argentina en las conversaciones telefónicas que mantuvo con los presidentes George Bush y José María Aznar y prometió efectuar el mismo reclamo a otros líderes del mundo.
El 10 de marzo se hará en San Pablo una reunión entre funcionarios de los dos países durante la cual se podría fijar criterios para transitar juntos un camino de integración en lo que se refiere más que nada a obras de infaestructura.
Pero, dificilmente se avance mucho más allá en el tema de la deuda, según lo aclaró el propio embajador brasileño en Buenos Aires, José Botafogo Goncalvez.
Mientras tanto, se acerca la hora de la verdad en el Fondo y parece que el fiel de la balanza lo volverá a inclinar Estados Unidos. La propia Krueger, más allá de su dureza, responde al Departamento del Tesoro.
El gran tema es cómo vencer la resistencia de los delegados que reclaman un castigo ejemplar para el país ante la cada vez más fuerte presión que ejerce los tenedores de bonos argentinos.



