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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 10/ene/2016 de La Auténtica Defensa.

Crisis del petróleo: ¿y la luz al final del túnel?




Luego de una semana negra, el barril de crudo se situó en los 33 dólares. Es el precio más bajo de los últimos 12 años. Factores de coyuntura y casusas estructurales se alinean para poner en jaque uno de los principales negocios mundiales, con efectos que golpean de lleno a Campana.

La industria petrolera mundial atravesó otra semana de fuertes marejadas en el mercado, que dejaron anclado el barril de crudo en los 33 dólares, el precio más bajo en doce años. En los últimos días, la crisis petrolera fue potenciada por el fortalecimiento del dólar, a raíz de un sorprendente crecimiento en el nivel de empleo estadounidense, casi un 40% por arriba de las expectativas oficiales.

Un dólar más alto eleva la valoración de las commodities dolarizadas, haciendo más difícil para los tenedores de otras monedas sostener su demanda.

Además, la estrepitosa caída de las bolsas chinas hizo temer a los mercados por la salud de la demanda energética en la segunda economía mundial.

Este oscuro escenario ha tenido duros efectos en muchos países del mundo, incluida Argentina y claro, nuestra ciudad. Los despidos, las suspensiones y la baja en la actividad de Tenaris Siderca ha puestos a muchas familias en vilo, repercutiendo también en el circuito económico campanense en general. Menos dinero en los bolsillos, poca plata para gastar.

¿Cómo se ha llegado a esta dramática situación? ¿Qué factores se han alineado para derrumbar en año y medio el precio del barril de los 110 dólares en los que se alzaba? No existe una sola repuesta: la explicación reviste un gran número de aristas.

MAREA NEGRA

La sobreoferta de crudo es, sin lugar a dudas, el factor preponderante. Es economía de secundaría: si hay muchos vendedores con mucho producto a cuestas, el precio de la mercancía ofrecida es menor. Desde 2010, la producción en Estados Unidos se ha duplicado gracias al boom de la explotación no convencional, otorgándole a la potencia del norte una mayor independencia con respecto al crudo extranjero, proveniente fundamentalmente de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

De esta manera, Arabia Saudita, Nigeria y Argelia -clientes del mercado americano- tuvieron que redirigir sus exportaciones a Europa y Asia, bajando precios para ganar competitividad.

Al mismo tiempo, países como Canadá, Irak e Irán han aumentado su producción. Incluso Rusia, economía menguante de por medio, sigue con sus pozos a toda marcha. A pesar de que la caída en los valores del barril ha repercutido en la baja de inversiones en exploración y desarrollo de nuevos pozos, dichas variables no han impactado significativamente en la producción.

Por el lado de la demanda, la recesión europea y la desaceleración en el crecimiento de los países emergentes han contribuido a que el stock de barriles se incremente. Japón, otro país industrializado, de a poco ha puesto en re-funcionamiento sus centrales nucleares, luego del desastre que significó Fukushima.

La frutilla del postre viene por el lado del avance tecnológico: los medios de transporte, en especial los autos, incrementan la eficiencia en el consumo de combustible. El petróleo es -un poco- menos necesario que antes.

LA RESISTENCIA DE LA OPEP

El cartel de productores petroleros es responsable de la producción de un tercio del crudo a nivel mundial. En octubre de 2014, sus miembros se reunieron en Viena para delinear la estrategia ante un baja de precios que preocupaba pero no llegaba a ser desesperante todavía. Los ojos de la industria de la energía se posaron sobre la capital de Austria. Pero toda la expectativa se esfumó ante la decisión de la OPEP de no intervenir en el mercado, dejando sin alterar las cuotas de producción asignadas a cada país.

La sorpresiva medida fue resistida por países como Venezuela, Ecuador y Nigeria, petroestados que reclamaban frenar la producción para elevar los precios. Arabia Saudita y sus aliados del Golfo Pérsico -con ínfimos costos de producción y cómodas reservas financieras- defendieron la postura: recortar las exportaciones significaba liberar franjas de mercado, que podrían caer en las manos de las ambiciosas compañías de shale de EEUU.

El 2015 transcurrió con estas posiciones. Arabia Saudita ha dicho que está dispuesta a ver caer el precio del petróleo todavía más. Habrá que ver qué sostiene dentro de unos cuantos meses: el Fondo Monetario Internacional estimo que en 2016 los países del Golfo Pérsico perderán $300 billones de dólares en beneficios.

GEOPOLÍTICA Y NEGOCIOS

Una de las teorías conspirativas más difundidas alrededor de la presente crisis, sostiene que Estados Unidos y Arabia Saudita se han complotado para perjudicar con precios bajos a Rusia, Irán y Venezuela, naciones contrarias a sus intereses.

Más allá de elucubraciones de este tipo, lo cierto es que norteamericanos y saudíes nunca se caracterizaron por tener una buena sintonía en materia económica. Menos aún por coordinar acciones de tales de proporciones. En diferentes grados, nadie está satisfecho con el estado del mercado actual.

Por otra parte, una de las características más particulares de este contexto es que el petróleo se mantenga en valores tan diminutos, cuando existen conflictos armados en varias regiones claves del circuito productivo.

Parte de la explicación radica en que las zonas de reserva y refinación de crudo se han mantenido lejos de los focos armados. El rol de Siria, azolada por un guerra de triple frente entre el régimen de Al-Asad, opositores y el Estado Islámico, posee un rol más logístico que extractor. En Irak, las conquistas de los yihadistas se concentran en el norte, mientras que la principal zona petrolera está al sur de Bagdad.

Además, el impase en la guerra civil libia con la muerte de Gadafi, ha puesto en producción de vuelta al país. Irán, finalmente, espera con ansias el fin de las sanciones occidentales por su controvertido programa nuclear para volver a exportar.

VACA MUERTA, ¿NUESTRA SOLUCIÓN?

El CEO de Tenaris y presidente del Grupo Techint, Paolo Rocca, aseguró el mes pasado en PROPYMES que el gobierno de Cambiemos abría grandes perspectivas para el desarrollo energético en el país. Todo, se sabe, se centra en Vaca Muerta y las políticas que asumirá Macri para lograr su activación definitiva.

Dos son los grandes desafíos que afronta el país para desarrollar definitivamente uno de los yacimientos de petróleo y gas no convencional más grandes del mundo. El primero es la ausencia de dólares para invertir. Ni el Estado Nacional y las empresas petroleras argentinas cuentan con los suficientes recursos financieros para avanzar en ese sentido. De ahí, el pacto del kirchnerismo con Chevron.

Del otro lado, es imperioso bajar los costos. Estados Unidos y Argentina son los únicos países en los que la explotación shale se hace a escala industrial. Pero entre uno y otro los costos de producción varían una enormidad. En este sentido, el dilema de la nueva conducción política será encontrar un balance entre las ganancias de las compañías dispuestas a invertir y la defensa de la calidad de los puestos de trabajo que genere la actividad. Todo enmarcado, claro está, por la garantía de una industria sustentable a largo plazo.

El mercado mundial no deja vislumbrar la llegada de dólares a montones para una iniciativa petrolera como Vaca Muerta. No con el barril a 33 dólares. Pero en algún momento llegará la recuperación, y si la demanda viene de fronteras adentro, mejor. El negocio del petróleo es una sucesión de subidas y caídas. No hay motivos para creer que no se repetirá la historia.


 
P U B L I C I D A D






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