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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 29/may/2016 de La Auténtica Defensa.

San Jacinto: un barrio "cansado" de los delincuentes




La Auténtica Defensa visitó la casa de un vecino hastiado de los hechos de inseguridad. Pero también recorrió el barrio y se encontró con más casos similares y numerosas denuncias. Entraderas, escruches y motochorros, las modalidades que más se sufren.

No ha dejado de garuar en casi todo el día. Por la calle Marcelo T. de Alvear los vecinos transitan a ritmo de sábado: tres chicos se persiguen entre sí, un rengo se desplaza cansino ayudado por una vara, una bebe extiende sus brazos como queriendo manotear las hojas que caen de un árbol debajo del cual pasa con su mamá. "Este es un barrio de buena gente", remarca el remisero en el trayecto de vuelta. Un barrio que, como terminó de confirmar el relato de su gente, está "tomado" por los delincuentes.

"Eran las 2 de la tarde y en casa no había nadie", recuerda Diego Rivero, quien vive hace casi 30 años en la zona de Juan B. Justo y la principal, Fernández. Su esposa y él estaban trabajando, los chicos en la escuela. La casa todavía no tenía rejas, así que los ladrones "sólo" tuvieron que romper la ventana de adelante y empezar a saquear.

"Las piezas, la cocina, revolvieron todo como si buscaran plata. Pero en el living nada. Creo que los asustó una cámara de la PlayStation que pensaron que los estaba filmado", cuenta, agregándole una pizca de humor al triste episodio ocurrido en 2014. No sería el único: al año siguiente, quisieron entrar de nuevo a su hogar, aunque esta vez no pasaron del intento.

"Fue increíble. Yo esperaba el colectivo a la madrugada en la plaza y veía a un Gol verde ir y venir, ir y venir. En un momento encara hacia mí. Dije ´listo, me vienen a robar´, pero al final pasó de largo. Al ratito me llama mi mujer, cuando yo ya estaba por Otamendi, para decirme que habían querido forzar la reja de la ventana. Eran los del auto", relata, todavía con dejos de asombro.

Diego entonces regresó y, en medio de la colectora entre ambos barrios, volvió a cruzar al Gol en fuga hacia Otamendi, por lo que llegó a su casa y dirigió a la Policía tras ellos: resultó que se trataba de tres delincuentes en un raid delictivo que se había extendido durante toda la noche. Su casa iba a ser el postre.

Ambos hechos no se circunscriben solo a los Rivero y repiten una lógica de acción bien aceitada. Los malvivientes llegan de los barrios aledaños, espían los movimientos de los vecinos y esperan a que la propiedad quede sola o poco resguardada. Botín en mano, utilizan luego una de las cuatro vías de egreso principales que tiene San Jacinto: la Colectora Norte, Lisandro de la Torre hacia el circuito de motocross, un camino al fondo de la Alvear que conecta con La Josefa o directamente surcos abiertos en los campos con destinos impredecibles.

La irrupción se produce de todas las formas imaginables. Arrancan las rejas, trepan los tapiales, fuerzan las ventanas. A veces, como pasó en una casa frente a plaza, entran como si fueran un grupo de asalto, tirando abajo la puerta no dando chances a nada. Otras veces son sigilosos, usando un gato para abrir los barrotes, tal cual lo intentaron el viernes pasado en la casa de una mujer que dormía con su bebe.

Y, en una ocasión, hasta ellos mismos se tildaron de "profesionales".

"Serían las 7 de la mañana. Se paró un auto en la casa de una señora de acá a la vuelta y ella creyó que se trataba de un taxi que venía a buscar a su marido. ´Ya te lo llamó´ les alcanzó a decir, cuando bajaron cuatro tipos armados y le desvalijaron todo", repasa Diego.

"Quédate tranquila que somos profesionales y no te vamos a hacer nada", le decían a la mujer, sentada aterrada en el sillón junto a su hijo.

El 2014 representó un punto de inflexión. "Entraderas", robos a comercios y la amenaza cada vez más omnipresente de los "motochorros" llevaron la inseguridad del barrio a un nuevo nivel. Hacia fin de año, se realizó una reunión con autoridades policiales, judiciales y del gobierno de Stella Maris Giroldi, donde la culpa recayó increíblemente en los propios vecinos.

Diego dice que entonces un juez del que no recuerda su nombre les reprochó no hacer las denuncias, ya que él tenía solamente dos por hechos en San Jacinto del último año. "¿La mía no la tenés?", le repuso el vecino con el papel en la mano.

Nunca más nadie con poder volvió a aparecer. Es por eso que ahora los vecinos solicitan al nuevo gobierno un encuentro urgente. No solamente para reclamar, sino también para proponer. Tanto hecho delictivo les dejó un manojo de ideas que -consideran- contribuirían a darles más tranquilidad. A hacer que se sientan menos solos.

Una de ellas es sobre la video vigilancia. "En Las Campanas está la última cámara y recién hay otra en la entrada a Las Praderas. San Jacinto, Albizola y Otamendi no tienen. Pensamos que con una cámara en la entrada del barrio se va a parar un poco con los motochorros en la Colectora, que asaltan a la gente que espera el colectivo", comenta Diego, esperanzado también en que la reciente reactivación de la Sociedad de Fomento allane un canal de comunicación con el Municipio.

Pese al oscuro panorama, tampoco son todas malas las noticias con que amanece el barrio. Los remiseros de la garita de la plaza aseveran que la presencia de la Policía Local se nota, en especial sobre Colectora, y que el Comando Patrulla "anda dando vueltas". La decisión de dividir el partido en cuadrillas ha incrementado el número de rondas por San Jacinto.

Diego entiende que son "un barrio alejado" y que no puede haber un móvil abocado en exclusiva. Pero exige mayor presencia de dispositivos de seguridad y, también, que la Policía tome las denuncias que, según apunta, a veces no quieren aceptar.

"Así las estadísticas les van a dar perfecto", ironiza el vecino.

A las siete de la tarde el barrio se aletarga y los comerciantes empiezan a atender por entre las rejas. Y muchos solo lo hacen si conocen al cliente. Para nuestro contacto en la zona, no debe haber uno solo al que no le hayan robado todavía.

La espera en la remisería de la plaza es la excusa ideal para preguntar por otra opinión, aunque es en vano esperar una distinta: pasan solo dos minutos antes de la llegada del auto y en esos dos minutos la encargada da lujo de detalles sobre dos robos calientes como pan recién salido del horno.

En el auto, el remisero también tiene ganas de hablar. Señala que los fomentistas pueden llegar a hacer una herramienta importante para producir un cambio. Y cuenta que al hermano, que vive al lado de él, le entraron tres veces a robar. Siempre cuando no estaba. Y siempre con la promesa que al día siguiente van a regresar.


Ni el Centro de Atención Primaria se ha salvado de estos hechos delictivos. A principios de año, dos jóvenes, uno de ellos armado, amenazaron a una enfermera y a una paciente y se llevaron teléfonos celulares y dinero.

 
P U B L I C I D A D






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