Nuevamente el pueblo salió a la calle. La convocatoria nació de cada factura exagerada, de cada servicio al borde del corte producto de la imposibilidad de pagar. Se hizo fuerte desde el bolsillo maltratado de quienes ya sufrieron la devaluación, el ajuste. También las suspensiones, la inflación, y los despidos.
Pero el Gobierno de Cambiemos no quiere escuchar los reclamos legítimos. Ni en Campana, ni en ninguno de los rincones de la Argentina donde la gente expresó su bronca. Y por ello, busca tapar las manifestaciones, ocultar las protestas, acallar las voces. Para eso, además de nutrirse de sus medios cómplices, se esfuerza por desviar la atención hacia otra parte. También a ponerle apellido o bandera a la convocatoria.
Pero no las hay. O mejor dicho, sí. Todas juntas y por la misma causa. Porque aunque sugieran la politización de estos reclamos, nada de malo tiene la política en todo esto. De hecho, hace falta política para resolver los problemas de la gente sin masacrar sus bolsillos. Sin matar lo poco de calidad de vida que les queda. Sin cercenar los derechos básicos e indispensables de cualquier argentino, de todo ser humano: luz, gas y agua son fundamentales para cualquier hogar hoy día. Nadie pide que lo regalen. Solo se requieren políticas de equidad, reglas claras y controles serios para que cada uno pague lo que corresponde, ni más ni menos, sin que el Estado se desentienda de quienes están excluidos y por más que quieran, no pueden.
Seguiremos acompañando a quienes saben que la única manera de hacerle frente a las subas desmedidas en los servicios, al saqueo de los derechos ganados en los últimos años que potenciaron como nunca antes la dignidad y la igualdad en una sociedad históricamente desigual, es seguir luchando, salir a la calle, dar la cara y poner el cuerpo para decir "basta".
Hasta nuestro próximo encuentro.



