Había una vez un país con nombre de mujer la muerte andaba suelta persiguiendo a los sueños y acorralando a la vida.
En ese país de nombre plateado los sueños y la vida tuvieron que aprender cómo enfrentar a los verdugos…la historia suele ser infinita ¿cómo contarla?
Siglo XX cambalache, país granero del mundo con trabajo para pocos, democracia para pocos, dinero para menos, alguna ilusión de tiempos mejores seguidas por décadas infames. Surgió luego un gobierno que proponía más justicia y más democracia. La política empezaba a estar en las calles, en las plazas y en las cabezas de cada persona. Ése gobierno fue tumbado el 16 de septiembre de 1955 por los poderes políticos, económicos y militares de siempre.
Más igualdad y mayor distribución de la riqueza era una maldición que debía ser mutilada. Hubo un cordobazo, un rosariazo, la juventud se movilizaba. La democracia seguía presa y libre estaba la violencia militar.
En 1973 la vida pareció cambiar pero solo fue una ilusión. Los bombardeos en Plaza de Mayo y la matanza en los basurales habían sido una premonición. La dictadura militar fue la máquina de matar corregida al infinito, la llamaron el Proceso de Reorganización Nacional. Los perseguidos iban a desaparecer.
El 30 de abril de 1977 hubo un parto en medio de la oscuridad, un grupo de madres de detenidos-desaparecidos desafió al terrorismo de Estado. Buscaban a sus hijos por muchos lugares: comisarías, hospitales, juzgados, morgues, iglesias. Así nacía una historia de padres y madres que salían del útero de su rutina habitual para enfrentar al aparato represivo más imponente de la historia del país, llevaban impresas en la piel la desesperación y el amor.
Esas madres estaban solas, aturdidas por tanto silencio. Compartían un código, la desesperación y la incertidumbre, este fue su primer triunfo. El triunfo contra el aislamiento.
Empezaron a reunirse, a acompañarse, a estar juntas. Era el modo de escaparle a terror de estar solas. La plaza sería el territorio de estas madres.
La primera vez fue un sábado, a la semana siguiente se encontraron un jueves (día que jamás abandonarían). La policía las presionaba, era el estado de sitio que no permitía reuniones de más de 3 personas, y así las "empujaron" a caminar alrededor del monumento a Belgrano. Lo hicieron en sentido contrario a las agujas del reloj, como revelándose contra cada minuto sin sus hijos. Marchaban cada jueves en las narices del gobierno dictatorial más temible. La plaza ya era el territorio de las Madres.
Los medios de comunicación hegemónicos han logrado su objetivo: construir otro relato, otra historia. Un relato que una gran parte de la población reproduce sin siquiera construir una identidad histórica. Creer que el control remoto es el comando que nos permite elegir es caer en la absurda mentira de pensar que nosotros tenemos poder.
Hoy se habla de transparencia, de justicia, de democracia pero son palabras convertidas en mercancías que pegan, que insisten en "mostrar una verdad". Si se habla de pobreza, de tarifazos, de aumento de tasas, de distribución de la riqueza (para un sector) o inclusive hablar de Hebe de Bonafini es, automáticamente, ser tildado de "K".
Memoria, verdad y justicia fueron y son las demandas del movimiento social argentino. Hebe es una de las Madres que hizo político su vivencia personal hasta lograr que la sociedad tomara como propia la idea de que la memoria y la verdad nos constituyen como pueblo y de que sin justicia la democracia es falsa.
La sociedad y los medios no son la justicia aunque sé que muchos se sientan tentados.



