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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 11/ago/2016 de La Auténtica Defensa.

El Rincón de Aléthea:
Luces giratorias
Por Angela Monsalvo




El uso durante la noche de las señales luminosas desde la costa, destinadas a orientar al marino, se remonta a tiempos inmemoriales.

Los Faros ejercen sobre quién los mira una fascinación que trasciende su noble función, logrando que se admire la privilegiada posición con que elevan su arrogancia majestuosa emergiendo de los acantilados que los rodean y aún más, cuando enfrentan las aguas del mar en toda su potencia brindando un espectáculo fascinante y sobrecogedor.

Es probable que los primeros Faros existieran antes de las épocas romanas y griegas. Los fenicios y los cartagineses encendían hogueras en lo alto de las torres de vigía, las que solían levantar en los puntos destacados de las costas, para guiar a sus embarcaciones. Muchas de estas hogueras ardían en forma permanente en honor de héroes y semidioses.

En la oscuridad de la noche, los barcos que surcan las aguas del mar, no sólo ven la luz del Faro, que les advierte de la proximidad de la costa y de la presencia de los arrecifes tan temidos, sino que también lo identifican por los intervalos de los haces de luz, y si es de día por sus colores, de forma que pueden reconocer frente a qué punto de la costa se encuentran.

Algunos Faros también están equipados con sirenas para emitir sonidos en días de niebla densa, cuando el haz luminoso no es efectivo.

Desde muy lejos en la oscuridad de la noche se vislumbra una luz que pareciera ser una luciérnaga, es una bombilla de 100 watts, cuya luz da una señal que atraviesa la distancia de múltiples horizontes de los que la vista humana sea capaz de distinguir desde la orilla del mar; en el lugar en que se encuentra no hay agua potable, ni tendido eléctrico, ni señal de celular, ni wifi, sólo se encuentra el Faro, que se hace cómplice del Sol marcando la hora con su sombra.

Hay múltiples historias de barcos que no fueron capaces de encontrar su luz, motivos inexplicables les impidieron distinguirla, y los llevaron a despedazar sus naves en los acantilados y según las leyendas de los diferentes lugares, sus almas aún siguen buscando el camino de regreso a casa.

Los Faros tienden a estar situados en zonas aisladas, lo cuál se presta más aún al misterio, sumándose a la imaginación, las tormentas, los piratas, los viejos veleros y los encantamientos.

Entre estas narraciones encontramos, el Faro de Point Lookont, construído en 1830 en la Bahía de Cheseapeake, el que fue convertido durante la Guerra Civil Norteamericana en una cárcel para prisioneros de guerra, en la que morían no sólo los prisioneros, sino también los soldados encargados de custodiarlos, transformándose la misma, en un lugar de sufrimiento de todas estas almas.

En la historia de este lugar han quedado gran cantidad de registros respecto de apariciones, relacionándolos a hombres vestidos como soldados de esa época, tal vez, destinados a continuar cumpliendo en otro plano, la tarea para la que habían sido reclutados.


(*) Alethea (Su significado): "Representa la verdad en la Mitología Griega. Fue hija del Tiempo y madre de la Justicia y la Virtud".


 
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