La semana pasada conté una parte de la historia de las Madres de Plaza de Mayo pero es necesario conocer más así comenzamos a construir identidad histórica. Retomo diciendo que hace 40 años atrás la muerte andaba suelta, acorralando a la vida, los perseguidos iban a desaparecer. Los militares creían que al no haber cuerpos, al no haber pruebas ni quedar evidencias nadie podría acusarlos de crimen alguno, eso es el terrorismo de Estado. Las fuerzas armadas se dedicaron a la muerte clandestina, en sus discursos hablaban de la ley, el orden, la paz, el progreso. Sus jefes iban a la iglesia a ser bendecidos, a comulgar y la salida sonreían. Empezaba la cacería, zonas liberadas, secuestros. La absoluta desaparición de la justicia. Hay bibliotecas enteras que podrían leerse para comprender lo que pasó pero también hay una carta. Un año después del golpe Rodolfo Walsh escribió en la clandestinidad su "Carta abierta a la junta militar" donde explicó lo que nadie se atrevía a decir. Hablaba de personas arrojadas al Río de la Plata, cuyos cadáveres afloraban en las costas uruguayas, denunciaba un sistema de tortura absoluta, aplicada tanto con métodos medievales como en la tecnología de la picana eléctrica para machacar la sustancia humana. Hablaba de las guarniciones y las comisarías convertidas en campo de concentración. Hablaban de las mentes perturbadas de los militares que torturaban. En medio de la censura y el terror decía 15 DESAPARECIDOS, 10.000 presos, 4.000 muertos y decenas de miles de desterrados son las cifras desnuda de ése terror. Pero hay otro párrafo que cada día que pasa se entiende mejor "la miseria planificada", ahí está la clave para entender el crimen, la miseria planificada. (Walsh fechó esa carta el 24 de marzo de 1977). Walsh fue secuestrado, también un desaparecido.
Es en medio de esa oscuridad de la historia en dónde nacen la Madres de la Plaza de Mayo. Se enfrentaron al aparato represivo. Se atrevieron a ponerse en contra a los militares. Cada hora, cada minuto, cada segundo de la vida se lo dedicaban a la búsqueda. Estaban solas, moviéndose, aturdidas por tanto silencio. Se empezaron a cruzar una vez, otra vez, empezaron a reconocerse y a descubrir que había otras que compartían la desesperación y el amor pos sus hijos. Empezaron a estar juntas. Un día se juntaron, y una de esas mujeres dijo BASTA, tenemos que hacer ver y oír lo que nos pasa. Tenemos que ir a la Plaza de Mayo, dijo Azucena Villaflor. Todas estuvieron de acuerdo, la plaza sería el territorio de las Madres. La primera vez fue un sábado (el 30 de Abril de 1977). A la semana siguiente comenzaron a juntarse los jueves, día que jamás abandonarían. La policía las presionaba. Ellas caminaron, circularon en sentido contrario a las agujas del reloj, en las narices del gobierno dictatorial más temible. Ése era su territorio. En Octubre de 1977 se sumaron a la peregrinación a Luján. El problema era cómo encontrarse y reconocerse en la multitud. Alguien propuso que todas se pusieran un pañuelo del mismo color pero una de las Madres tuvo la idea de usar un pañal de sus hijos (por aquella época se usaban de tela). Azucena también fue secuestrada y desaparecida. Sus dichos quedaron bien marcados "todos los desaparecidos son nuestros hijos", con eso estaba socializando la maternidad, potenciando a cada madre y dándole grandeza a cada minuto de resistencia.
El pasado jueves las Madres de la Plaza de Mayo cumplieron 2000 jueves de sus famosas rondas. Los recorridos turísticos intentan ocultarlas, callarlas. En varias entrevistas que pude realizar a turistas he podido identificar que en sus discursos las Madres no aparecen, no las registran, no saben quiénes son. Lo cierto es que son 2000 jueves de lucha, de resistencia, de amor, de no retroceder ni un solo paso aunque intenten ocultarlas.



