Hay que tener imaginación para interpretar lo sagrado. Dar de beber al sediento, la segunda de las acciones de la serie de la semana, nos remite a tierras lejanas, en dónde el agua es escasa. Nos cuesta imaginar un país sin agua, como quienes viven rodeados de montañas les cuesta imaginar la planicie. El problema del agua potable en el mundo es de los más serios de la actualidad. De los 14000 millones de km cúbicos de agua en el planeta, sólo 200 mil km cúbicos son aptos para el consumo humano. Más de 6000 millones de seres humanos en el mundo se enfrentan a graves problemas con el agua.
En Argentina, con su vasto territorio, tenemos cifras inimaginables: 5,3 millones de personas no tiene agua potable dentro de sus casas, lo que implica que tampoco tienen saneamiento básico.
Un millón no la tiene en el perímetro de su terreno. En las comunidades rurales dispersas, el 50% de las casas no tienen siquiera cañerías que transporten agua.
Las mujeres, responsables por acarrearla a sus viviendas, gastan por día de cuatro a seis horas para que su familia tenga agua indispensable para subsistir. Eso suma el tiempo de tres meses completos en la totalidad de un año.
En Copo, Santiago del Estero, de diez hogares, siete no tienen agua potable (sin gérmenes o sustancias tóxicas)
Dar de beber al sediento, una de las claves de la Misericordia, no se restringe al vaso de agua. Pide un compromiso entre todos para la concientización y el suministro del líquido vital a todos los argentinos.
La organización Unidos por el Agua tiene por finalidad ése sueño. Trabajan con un equipo de profesionales y voluntarios y dividen la tarea en tres etapas: Perforaciones, Cisternas (para la reserva) y Canalización. (www.unidosporelagua.org.ar)
Es muy poco probable que le vengan a tocarle el timbre porque tienen sed.
Si dejamos de pensar en chiquito, despertaremos al país gigante que tenemos.



