Históricamente la ciudad de Campana ha ido creciendo de espalda a la Isla. Argumentos, muchos. Promesas infinitas, no cumplidas. Agua contaminada. Inundaciones. Enfermedades. Odios y alegría. Ausencia del Estado. Indignación. Inseguridad. Reclamos. Campañas políticas. Olvidos cargados de memorias. Esperanzas. Resignación. Falta de trabajo. Complicaciones. Indocumentados. Solidaridad entre vecinos. Dignidad. Derechos. Sobrevivir. La caza y la pesca. Desnutrición. Mientras la historia se repite la isla se hunde bajo todas estas palabras que definen a los ciudadanos del Canal Irigoyen, partido de Campana.
Discursos que se van y discursos que llegan pero nada es concreto ni existente. Cansados de las promesas políticas los isleños ya no saben donde expresar sus palabras. La era de la publicidad y del marketing cumple su objetivo. La publicidad como una de las formas de comunicar ha ido creciendo y se expande todo el tiempo. La persuasión, ésa actividad que busca convencer al otro, se cumple. Mediante el marketing se puede saber a qué tipo de público le interesa determinado producto. Lo peligroso de esto es la manipulación que se puede ejercer en la sociedad. Desde el acto democrático hasta el consumo masivo en la industria cultural. El mensaje que se hunde en el inconsciente, que no respeta barreras y que está oculto obliga a creer en las promesas, ésas que muchas veces no se cumplen.
La política se olvida de los reclamos, promete y la mayoría de las veces no cumple. Ser dueños del propio futuro sintiéndose parte de una sociedad que crece y se desarrolla, dar un hogar seguro a cada familia argentina, una infraestructura de gran escala, un Estado que llegaría de manera urgente a los lugares en situaciones vulnerables (como la Isla) son muchas de las promesas incumplidas. La Argentina, esa de la que todos "tengamos las mismas oportunidades", parece que está inalcanzable. Hablar de 14 millones de pobres en el país era inaceptable, hoy, según estudios llevados a cabo por la UCA (Universidad Católica Argentina), se han incrementado cerca de 2 millones de nuevos pobres. No recordar las promesas que se hicieron es un acto de cobardía, una falta de valor, un no compromiso en los sectores donde el Estado sigue estando ausente, y donde esas promesas ya no son aceptadas.



