Las supersticiones son un conjunto de creencias de valoración excesiva, según la Real Academia Española se definen como fe desmedida o creencia contraria a la religión y a la razón. Casi todos somos supersticiosos, ya que ésas ideas se heredan de la familia como las copas de cristal y la miopía.
Es tal la importancia de nuestras supersticiones, que ya se han apoderado del lenguaje. Por ejemplo, para justificar a alguien que tiene mal humor decimos "éste se levantó con el pie izquierdo" o cuando tenemos una racha de mala suerte " me meó un perro". Tantas son las fórmulas de la buena suerte, que el humorista Landrú seleccionó las preferidas de los argentinos según su agudo sentido de la observación.
La primera es jamás abrir un paraguas dentro de la casa, seguida por levantarse con el pie derecho. La tercera, no pasar por debajo de una escalera si no quieren tener un mal día y cuidar los espejos, ya que si uno de éstos se rompe, son siete años de azar. El quinto puesto es nombrar un jettatore. Si no queda más remedio, tocarse los testículos o la mama izquierda. Cruzarse con un bizco, para algunos, puede significar un problema, para otros la advertencia más grave es cruzarse con un rengo.
Barrer de noche era la peor ofensa que le podía hacer a mi abuela, no obstante su vecina de Ramos Mejía renegaba cuando nos veía sacudir el mantel en el jardín.
Los martes 13 no te cases ni te embarques, dicen los hispanos. Los sajones, sin embargo, no lo hacen los viernes 13.
Si juntáramos en una enciclopedia a todas las supersticiones no quedarían muchos libres de una mirada insidiosa. Morochos , pelirrojos, rengos, el último de los siete hijos varones, el albino, el cura, los mellizos o el gitano.
Les propongo deshacerse de una superstición por año. No hay planta, animal o persona que traiga el infortunio por sus características externas. Lo malo, queridos panópticos, es lo que sale de la boca del hombre.



