La familia o la profesión y el trabajo, el dilema de muchas mujeres.
El mundo y las sociedades han cambiado y seguirán cambiando, mientras que nosotros buscamos adaptarnos. En este sentido, reflexionamos sobre cómo se desarrollan hoy las mujeres que son madres.
Actualmente, la mayoría de las mujeres que son madres se encuentran en la búsqueda del equilibrio en donde puedan balancear la vida familiar y sus trabajos o profesión. ¿Cómo satisfacer las demandas que les son asignadas para cumplir adecuadamente con todos sus roles? Responder a esto trae como consecuencia sensaciones encontradas de satisfacción, culpa y mucho estrés.
¿Para qué trabajar?
Hay diferentes motivos por los cuales una mujer decide trabajar, como por ejemplo: trabajar como medio de vida o trabajar como medio de aporte económico a la familia, ya existe un ingreso económico que aporta el sustento, y hace falta un poco más. Incluso en muchos hogares éste puede ser un determinante para salir de la pobreza. También pueden elegir trabajar para desarrollar su aspecto profesional, o trabajar para combinar con tareas fuera de su hogar.
¿Qué implica trabajar?
El hombre en general, asume a el trabajo como un medio para proveer a la familia y como su responsabilidad. Respecto de las mujeres, en nuestra cultura, una gran parte concibe a el trabajo como parte de su vida. Pero hay otras cuestiones que en su mayoría son responsabilidad de la mujer como, por ejemplo, hacerse cargo de las tareas del hogar y de la crianza de los hijos. Es así como las mujeres destinan un mayor porcentaje de tiempo que los hombres a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos, incluso cuando ellas también trabajan.
Esto trae como consecuencia que muchas mujeres deban hacer malabares para cumplir con todas sus responsabilidades y demandas. Sobre todo, las limitaciones se encuentran en aquellas familias que no cuentan con los ingresos suficientes para contratar servicios de cuidado y personal doméstico. Sin embargo, la sociedad está cambiando y de a poco éstos estereotipos comienzan a ser reemplazados por otros en donde las tareas se reparten, dejando de ser responsabilidad exclusiva de las mujeres. Este cambio cultural, esta llevando a plantearse nuevas políticas públicas y formas de organización. Como por ejemplo, que los padres puedan tener más días de licencia por paternidad, o que se creen más jardines maternales y centros de cuidado infantil públicos.
Desde lo laboral, el trabajo puede tornarse más flexible, permitiendo que en ocasiones los padres y madres puedan trabajar desde sus casas o concediendo más permisos por maternidad y paternidad. Sin embargo, no es suficiente con esperar que la legislación y las políticas cambien, sino que también nosotros podemos hacer algo para que las mujeres madres puedan tener las mismas oportunidades que los hombres.
¿Cómo podemos contribuir?
Quienes estamos en el entorno inmediato, como la familia, podríamos estar atentos por ejemplo a las necesidades de esa persona. Y preguntarnos pro-activamente ¿Qué puede estar necesitando esa madre, esa mujer, esa pareja, esa hermana….? ¿Cómo repartir el tiempo de las tareas domésticas equitativamente?
Por otro lado, quienes estamos en el entorno externo a esa persona, como los empleadores, gobernantes y la comunidad, podríamos preguntarnos ¿Qué podemos hacer para facilitar o mejorar la tarea de trabajar para esa persona?
Tal vez sea un buen momento para preguntarnos, como sociedad, si estamos dando lo mejor para que las tareas en el hogar y en el cuidado de los hijos se repartan equitativamente; y si las mujeres madres tienen todas las oportunidades para desarrollar su potencial plenamente.
Experiencia de una madre
"Cumplir el rol de madre y mujer trabajadora en la actualidad puede resultar, a veces, en un dolor de cabeza, y otras tantas en un alivio. En mi experiencia personal, la primera vez que tuve que volver a trabajar después de haber tenido a mi hija mayor fue muy duro. Por un lado tenía la necesidad de volver a ponerme en ritmo, socializar, salir de casa, pero a la vez me era imposible despegarme de mi bebé.
Todo eso me llevó a renunciar y quedarme en casa con ella hasta que cumplió su primer año. Cuando nació mi segundo hijo, 6 años después, la situación fue diferente.
El retorno laboral me encontró más relajada, con menos prejuicios, con la misma necesidad de sentirme independiente, de encontrarme con otra gente, de charlar de temas que no fueran pañales, teta y vacunas.
Por supuesto que una madre no deja de preocuparse nunca por sus hijos, son su prioridad y están por encima de cualquier otra cosa. Pero también aprendés a confiar en los demás, en que puede cuidarlos otra persona bajo tu atenta mirada, en que los chicos necesitan su espacio, necesitan ser independientes también y rodearse de otras personas que no siempre sean papá y/o mamá."



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