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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 09/oct/2016 de La Auténtica Defensa.

El Panóptico:
Indra Devi
Por Fabiana Daversa






Fabiana Daversa

Indra Devi, para nosotros Mataji, bailaba a sus noventa y tantos alrededor de un piano de cola . Sonreía e iluminaba todo alrededor. El anillo de brillante que usaba en su mano izquierda, ella misma contaba, fue materializado por Sai Baba en uno de sus viajes al ashram.

Hace muchos años, al final de la década del 80, la precursora del Yoga en Argentina que ya era bastante popular y tenía miles de adeptos, me invitó a trabajar con ella en la Fundación Indra Devi, en una tarea nada fácil: dar clases de Hatha Yoga a los enfermos de cáncer.

La primera dama del Yoga en América decía que toda curación empieza por dentro y que lo primero que tiende a hacer una persona que tiene un diagnóstico difícil es deprimirse. Y ése es el momento justo para tenderles una mano.

En el departamento de la calle Marcelo T. de Alvear, en dónde Mataji vivía cuando estaba en Argentina, recibí una instrucción de lujo durante veinticuatro horas durante seis meses inolvidables, conviviendo con sus hábitos y enseñanzas. Allí inspeccionaba mis prácticas, no sin antes recibir personalmente a los alumnos.

La sesión era individual y estaba basada en el respeto y la aceptación de la enfermedad. El tratamiento alopático jamás era interrumpido, pero la mejoría del enfermo en contacto con el Yoga era notable. No fueron pocas las veces que compartimos comidas con David Lifar y Piero, sus entrañables amigos.

De las enseñanzas que recibí de Mataji, cinco quedaron grabadas a fuego en mi corazón.

- La primera es que la vejez no existe cuando buscamos la sabiduría. Sólo es viejo quién deja que la tristeza entre a su corazón.

- La segunda, hay que estudiar siempre. El que deja de estudiar, marchita algo en su interior. Recuerdo verla leer sin descanso cartas, libros, revistas en múltiples idiomas.

- La tercera, exigir siempre algo más de lo que el cuerpo pueda dar. Entrenarse, no bajar los brazos ante los desafíos.

- La cuarta, conocer todos los años un lugar nuevo. Viajar, ser peregrino con poco equipaje, descubrir cosas nuevas.

- Y la quinta, ser agradecido.

Namasté, Maestra de Vida!


 
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