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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 04/abr/2004 de La Auténtica Defensa.

Heridas por la boca
Por Dario Martin




Para un amigo, un detenido, un desaparecido vivo que burló a la muerte y la sigue engañando a pesar del tiempo.

Ni te pregunté, pero me hablaste de aquel tiempo negro y los que te llevaron. En cada tomada de aire solo dejabas la huella y el horror de lo pasado. No viste como la mataban. Sentiste aquellos disparos y no saber qué pasó, pero correr hacia la estación. Parar y hacer caso al soldado de civil que te preguntaba nombre y apellido, documento por favor y comunicar por radio la presa que había cazado. No cualquiera tenía entonces la dignidad de rendirse, obedecer y ser raptado.

Recordaste ser encerrado dentro de un calabozo, después de golpes y machucones. Sentir al doctor ¨respetado¨, como apuntando, a éste no le peguen y al otro pueden darle un poco más. O preguntar en la oscuridad, hablar con los invisibles y mencionar los nombres que eran libres justo antes del horror. Decir si realmente estabas acá y escuchar a las cinco de la mañana cuando el barco se acercaba al canal Irigoyen, para luego deducir que no te habían enterrado. O salir al vuelo de un camión, amontonados dentro de un cajón, sintiendo las quejas de los de abajo y preguntar cuantos quedamos. De aquel amigo que te ayudaba, cuando te quitabas las vendas sucias de la seca sangre y dar ánimo a la muerte, y no caer ni ser vencido. Al momento de aquel relato, lo que te ayudó a seguir vivo y después de una sesión con los que picaneando hacían de los hombres niños, que el final de tu amigo fue sobre las rejas y que no lo pudiste ayudar y que moría entre tus manos. Pero lo peor de todo no era la injusta muerte, solo la pestilencia de tenerlo como recuerdo hasta el lavado semanal. La mofa de los que se creían enviados de aquel dios ausente, exiliado.

Aún atento y después de pequeñas enseñanzas, rompes el último aliento y relatas como desde la Cruz Roja te ayudaron. El solo decir que sos de la zona y encontrar al tipo que pasará para avisar a los que dejaron de buscar. La gauchada de un amigo que no ves más y el pasaje a la legalidad, estando preso, con privilegios de más tortura. Las marcas que te dejaron, las picanas que te impusieron solo son pequeñas manchas de tigres que aún se pasean por las calles y que reconocidos, hacen acto de presencia en cada día festivo.

Sigo en cada letra, cada gota de saliva, cada color que pones y que hoy estás con nosotros. Digo gracias por seguir luchando, por no doblar la espalda a pesar de los golpes y no caer en la penumbra, para mostrarme el camino que debo tomar. No soy digno de tremenda campaña, pero me duelen las heridas, nadie que está dolido puede dejar de recordar a los que con un rótulo te marcaron de por vida y te llamaron subversivo. También pido justicia, la que necesitamos y no viene, pero que está cambiando. Con un pueblo recordando y ver a miles de personas recuperar la memoria. Para que dejes de sangrar de aquellas heridas que aún tienes en tu boca.

dariomartinamaru@yahoo.com

El autor es miembro del Centro de Estudios Literarios y Periodísticos del Taller-Escuela Mariano Moreno.


 
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