En el proyecto de presupuesto nacional para el año 2017, que el poder ejecutivo envió al Congreso para su tratamiento, se pueden observar los ajustes a la baja de los gastos, que tienden a compensar los menores ingresos por los pagos de la creciente deuda, la merma en la recaudación impositiva como consecuencia de la caída de la actividad económica y la quita o reducciones de las retenciones a los exportadores de granos y de recursos mineros y llegar, de esta manera, a un déficit razonable, tal como recomienda el Fondo Monetario Internacional (FMI) y adhieren los integrantes del área económica del macrismo.
Una de las reducciones más llamativa por su gran valor estratégico es la propuesta para ciencia y tecnología que pasa del 0,75% del PBI (Producto bruto Interno) en el año 2015 al 0,59%.. Solamente no se redujo lo referente a la minería.
En el 2002 era del 0,4%, es decir que durante los tres gobiernos anteriores se había incrementado al doble y mucho más si tenemos en cuenta el impresionante crecimiento que en ese lapso tuvo el PBI.
Esta descomunal reducción en ciencia y tecnología marca un cambio de 180 grados en la dirección de lo que se intentaba. Significa que nuestros científicos que son pretendidos en el exterior por su reconocida idoneidad y que habíamos conseguido repatriar, volverán a irse de nuestro país y que no tendremos, por ejemplo, Arsat3. En definitiva un notable retroceso.
Si, tal como pregona el presidente Macri, queremos un país exportador de materias primas (entre las cuales se encuentra precisamente la minería) e importador de bienes con alto valor agregado, similar al modelo de principios del siglo pasado, la inversión en ciencia y tecnología por parte del estado resulta un gasto inútil. Si en cambio pretendemos un país desarrollado esa inversión resulta vital porque no se puede dejar la investigación solamente en manos privadas, léase multinacionales, cuyos intereses difícilmente coinciden con los de nuestro país o lo más probable que también importemos tecnología..
A quienes suponen que la brecha científica-tecnológica entre nuestra nación y los países hoy desarrollados es tal que resulta imposible de superar, se les olvida que la Argentina supo fabricar, entre otras cosas, el utilitario Rastrojero, la moto Puma, los aviones Pulqui y Pucará y los satélites Arsat1 y Arsat2 y somos reconocidos en el mundo por nuestro desarrollo en energía nuclear, gracias a la inversión estatal.
Resulta pertinente acordarse que durante el menemato el entonces ministro de economía Domingo Felipe Cavallo mandó a una investigadora del Conicet a lavar los platos, en sintonía con lo que está empezando a ocurrir en esta revolución de la alegría macrista.
El gobierno hace permanentemente hincapié en la gradualidad con que somete a la población a un "ajuste" de la economía, esto es lo mismo que advertir a los argentinos que el ajuste recién está empezando y la deuda no deja de crecer. Como en los viejos episodios de las matinés de los cines, el ajuste continuará.
Esperemos que los legisladores no permitan esta tropelía que hipoteca a varias generaciones de pobladores de estas tierras y no entren en el toma y daca a que nos tienen acostumbrados.



