Él la dejó. Habían pasado ésa barrera tenue de la que no se vuelve sin una decisión: comprometerse o alejarse. Ella sufrió. Hizo silencio. Promesas a San Antonio. Creó archivos mentales, llenos de fotos y canciones que él le había posteado. Escribió poemas. Viajó sola a lugares que habían pensado recorrer juntos. Pasó el tiempo y el hilo de plata que entreteje las tramas del amor no se cortó. Aún así le dio para adelante, empezó gimnasia, adelgazó y se compró una guitarra. Trabajó muchísimo. No pasó un sólo día que no pensara en él. Cada tanto le dedicaba un tema de Cerati.
Hasta que un día él la llamó. Ya había pasado un año. Antes de cortar la llamada ella se miró frente al reflejo del cristal de la ventana. Había una mariposa haciendo tiempo, aleteando estacionada. No iría al encuentro. Comprendió que el dolor la había transformado en otra persona.



