Vi por mi ventana los arboles pelados y los arboles llenos de hojas y flores, vi gente de campera y bufanda y ahora de remera o en cuero, vi gente comiendo locro adentro y comiendo picada con cerveza afuera, vi palomas acurrucadas de frío y palomas enamorándose y haciendo sus nidos para sus pichones en primavera, vi personas haciendo sus vidas normales y quejándose de pequeñeses, y personas no haciendo nada.
Vi una Copa América adentro, vi residentes convertirse en médicos, y a médicos, enfermeros, camilleros, técnicos, camareros, compañeros y empleados de limpieza convertirse en mis amigos, vi semillas convertirse en plantas, vi gente que la peleó y que salió y gente que no la peleó o no pudo pelearla y no salió; vi gente que se fue de alta y jamás volvió, y gente que volvió; vi morirse amigos, y vi morirse gente al lado mío; vi sangre, resucitaciones de más de 45 minutos, vi el baño sucio y limpio, vi gente con vocación y gente con obligación, vi gente trabajar con pocos recursos, y vi gente llevarse los recursos.
Pensé, mil veces pensé que para que un hospital público funcione como debería y tenga todo lo que se necesita con una simple ley que obligue a los políticos a atenderse solo en hospitales públicos se solucionaría, pero eso no va a pasar y mientras tanto solo veo carencia, vi compañeros esperar meses por un stent o un simple bypass y gente morirse en la espera por falta de camas.
Pasaron muchos compañeros y muchos compañeros se hicieron mis amigos; vi gente quejarse y gente agradecer y ayudar. Vi más profesionales que gente, y profesionales muy buena gente.
Probé comida rica y comida fea. Vi el calefactor prendido y apagado, vi amanecer a las 8 y amanecer a las 6 de la mañana.
Regalé muchas plantas y vendí plantas. Tomé pastillas de todos los colores. Estuve conectado a un suero y desconectado también. Aprendí a hacer electrocardiogramas y a sacar sangre. También aprendí que los cactus con el agua se llevan muy bien y crecen más. Sumé, resté. Abracé gente que lo necesitaba y me abrazaron cuando lo necesite.
Leí libros, diarios, facebook, escuché música fuerte y música con auriculares. Saqué fotos. Y borré fotos. Tomé agua baja en sodio y tomé gaseosa.
Ayudé y no ayudé, me quejé, agradecí, hice mucho y no hice nada. Estuve ansioso y tranqui. De muy buen y de muy mal humor. Esperé y desesperé. Lloré y me reí, hubo gente que se acordó y gente que no se acordó ni se acuerda, amigos que vinieron y amigos que no.
Escuché y no escuché. Tomé consejos y no los tomé. Subí y bajé de peso. Vi gente buena y gente no tan buena, presté y me prestaron. Convidé y me convidaron. Jugué y mire. Aconsejé, escuché. Dormí con la luz prendida y apagada. Con la puerta abierta y con la puerta cerrada.
Felicité y critiqué. Bajé y subí. Entré y salí. Me desvelé y dormí.
Me ayudaron, mucho me ayudaron. Me cuidaron, me atendieron y se preocuparon. Simpaticé y no simpaticé. Nunca me sentí un número, siempre me sentí y me llamaron por mi nombre, siempre fui y soy Diego.
Tuve frío y tuve calor. Tuve miedo y tuve coraje.
Veo a las personas que amo seguido y veo que me acompañan y me dan fuerzas y me alientan a seguir. Me dan consejos y fuerza. A ellos, a los amigos, conocidos, y personas que solo se enteran de mi caso y a todos los que laburan acá y me dan fuerzas para seguir, mis más sinceras GRACIAS !!!
Veo a mi hijo crecer una vez por semana, a aprender palabras que no pude enseñarle. Lo vi reírse conmigo y llorar cuando nos despedíamos sin poder hacer nada.
Extrañé, siempre extrañé.
Y un millón de cosas más... espero. Solo sigo esperando, otra no me queda. Pero espero ya haber transitado más de la mitad de esta experiencia. Y que un día despierte con mi hijo y solo sea un recuerdo, una experiencia y una enseñanza.
Si querés contactarte o ayudar a diego te podes comunicar a diego_sfardini@hotmail.com



