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» Este artículo corresponde a la Edición del viernes, 11/nov/2016 de La Auténtica Defensa.

Arboles con historias de Campana Pueblo:
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Por Cristina Blotta




Para mi amiga Viky Aguilar

Entre aburrida y curiosa Victoria hojeaba el viejo álbum de fotografía. De tanto mirarlas algunas las conocía de memoria, pero como era más grande veía cosas nuevas cada vez que curaba su aburrimiento con fotos.

-¿Por qué nuestra plaza no es igual que la foto?- le preguntó a los gritos a la madre que había comenzado la obertura de la cena con las ollas y los sartenes.

-Es el tiempo, son los hombres- contestó la madre dejando flotar en el aire la nostalgia que le traía recordar.

Victoria comenzó a perseguir con la mirada a su madre, intuía que algo le contaría.

-Después de cenar directo a dormir- ordenó la madre.

Victoria miró a su hermano que no participaba en la conversación y contestó rápida - Si mami, a la cama- Todos los movimientos parecían obedecer la orden materna, pero entre cucharada y cucharada, de la perfumada sopa de cabello de ángel, Victoria organizó una estrategia.

-Mamuchi, me tapas - llamó solicita desde el dormitorio.

Y allá subió la madre protestando. Cuando entró al cuarto la niña estaba sentada en la cama con el álbum abierto.

-Niñita, mal aprendida a dormir he dicho -

-Contame mami ¿dónde están esos árboles? - imploró la niña.

La madre se sentó en el borde de la cama y comenzó el relato…

-Cuando con el nono construimos la casa, la plaza era un monte de ombúes.- suspiró -En el verano doña Julia nos enseñaba el catecismo en el ombú que estaba cerca de su casa. Era la época que no teníamos luz eléctrica en el barrio. El montecito era más fresco que nuestras habitaciones. Corría un viento que solaba desde el mar .

-Mamá , que decís - se quejó la niña

-Si, el mar de flechillas que se extendía hasta el río Luján. Las ramas eran los sillones más cómodos que te podes imaginar.

-¿Qué más mamá? - exigió la niña

-Cuando tenía quince años, allí me refugiaba a la hora de la siesta para leer poesías de amor.

Cuando nos pusimos de novios con tu papi, allí me robó el primer beso - y la conversación volvió a quedar suspendida por los recuerdos que se agolpaban en la memoria.

-Los muchachos del barrio, dormían la siesta colgados de las ramas más altas del ombú. Venían con sus perros, que también se tiraban a dormir. Después jugaban a la guerra un rato y volvían a sus casas a eso de la seis-

Un día apareció El Garza con un perro nuevo. El chico que tenía perro era considerado rico y él no tenía ni padres ni perros. Entonces imaginate lo que significaba para el Garza tener un perro propio. Al parecer el perro tampoco tenía dueño, porque nunca se fue.

Los perros cuidaban a sus dueños y los chicos a sus perros. No tenían razas definidas pero eran leales: dueños y perros.

A ese árbol de la foto lo llamaba "El castillo verde". Porque me subía a una rama especial y me creía princesa.

-Mami, en la plaza ahora hay un solo ombú.

-Si los otros los sacaron para poner los fresnos, pero con ese no pudieron. Alcanza con uno solo.

-¿Para qué alcanza?

-Para ser la princesa del ombú. Para lograrlo tendrás que treparte y una vez sentada en lo más alto que puedas lograr, buscas una rama como trono y soñás.

Esa noche Victoria soñó que era la Princesa del Ombú.


LOS OMBÚES DE LA PLAZA DEL BARRIO LAS COLINAS DE OTAMENDI

Cuando el actual barrio Las Colinas de Otamendi formaba parte de la estancia de don Rómulo Otamendi, en el lugar donde actualmente está la plaza y la escuela crecían un monte de ombúes. En 1940 se funda el barrio y se urbaniza la estancia.

Se desmonta, sobrevivieron al primer intento tres ombúes según se ve en una fotografía que está en el historial de la Escuela N" 12 que documenta la inauguración del mástil de la plaza, año 1972.

Se prosiguió con la urbanización y volvió la topadora con el afán de eliminar a los tres restantes .Uno se resistió al punto que rompió la topadora.

Actualmente está en la calle frente al Jardín 907. Gozando de buena salud aunque en una posición algo incomoda.

Informantes: Sra. Marina Loscerbo (vecina del barrio y docente de la escuela), Sra. Celia Martinez (vecina del barrio y docente de la escuela) y Sr. González (vecino del barrio)


 
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