Quiero poner en claro previo a estas consideraciones, que mi juicio se mantiene estrictamente en el plano profesional y nada tiene que ver con las especulaciones o análisis político que se pueden hacer sobre el particular, y que quedan reservados a quienes detentan responsabilidades deliberativas o ejecutivas. Mi visión es la de un ciudadano que con una profesión afín a la planificación y los proyectos urbanos pretende optimizar los resultados en beneficio de la ciudad que nos pertenece a todos.
Cuando se produjo la privatización de los ferrocarriles allá por la década del 90 (siglo pasado) el patrimonio residual del ferrocarril quedo administrado por un organismo nefasto, lento y burocrático sin poder de decisión y con el no a flor de piel. Me consta personalmente porque participe de algunas reuniones en ese organismo e intente aportar criterios para la cesión de algunos de los galpones históricos del Ferrocarril en Campana planteando su utilización con fines culturales. Proyectos algunos mas voluntaristas que otra cosa ya que el capital necesario para la puesta en valor excedía cualquier inversión pública posible. De la misma forma digo que me consta el esfuerzo que se hizo particularmente en la gestión Varela donde se intento por varios medios de darle forma a una cesión de las tierras, con distintos anteproyectos y a veces simplemente con declaraciones de voluntad sobre posibles usos mixtos. La impermeabilidad del ONABE todo lo frenaba así que nunca se logro el deslinde territorial. Cuento esto desde mi visión y desde lo que pude analizar o en lo que pude participar. Quizás haya otras visiones, de quienes tuvieron otras participaciones o gestiones. Lo cierto es que por cualquiera de los medios intentados nunca se logro lo que se pretendía que era la recuperación territorial de un sector importante y abandonado o con escaso uso estratégico para el ferrocarril y muy importante como operación urbanística integral para la comunidad. Pensemos que no hay antecedentes recientes de operaciones urbanísticas de esta magnitud, cuyo impacto en la comunidad será altamente significativo. Es más muchas veces me pronuncie con una visión crítica respecto de los anuncios sobre el particular ya que solo eran cantos de siena alentando una expectativa que sabia lejana solo con motivos electorales o simple especulación política, y como recuerdo, comento que los argentinos tenemos varios recuerdos similares de estas declaraciones mesiánicas, desde el viaje a la estratosfera, hasta un tren bala.
Dije hace poco en un artículo sobre el tema, que la incorporación de nuevas tierras con objeto recreacional y más aún con acceso al río para la sociedad, en un sector postergado históricamente es una noticia para aplaudir. Y más aun si la iniciativa tiene un respaldo económico que permite la ejecución real de un proyecto contra la comercialización de tan solo el 35% del suelo. La relación costo beneficio así planteada parece muy interesante, si, según interpreto, de la comercialización del terreno y en función del plusvalor urbano de la ubicación, surge el financiamiento de la obra completa de recuperación y puesta en valor de los galpones, la antigua estación y la zona de tránsito en la costanera proyectada.
Convengamos que para la ejecución del proyecto es necesaria una modificación del Código de Planeamiento, en lo que respecta a densidades y usos habitacionales y alturas admisibles de un sector de esos terrenos. Ahora bien, para esa modificación es necesario generar un debate en el Concejo Urbano y generar consensos. Hace rato que reclamamos una revisión del código sobre todo en temas que no tienen ningún sustento como el caso de las superficies afectadas a cocheras o algunos indicadores como alturas limite arbitrarias y sin ningún fundamento, ya que existen alturas inexplicables admitidas en sectores de barrios bajos históricos y otras que limitan en sectores donde las densidades reales y la construcción ya ha evolucionado en altura. Y no logramos atención ni respuesta. Mi pregunta es, ¿para este proyecto se habrán de acelerar estos trámites? También es necesario un estudio de impacto urbano y ambiental ya que estamos en una zona donde los suelos no son aptos para fundaciones tradicionales y que desde los orígenes de Campana tiene un uso diferente al que se les pretende dar. No puede descontarse la complicación y dificultad de acceso que tienen históricamente los pasos a nivel en las intersecciones con el ferrocarril, y tampoco pueden descontarse los impactos que habrán de generar las circulaciones y estacionamientos si se densifica el sector frente al Boat, donde aparecen representados los edificios que habrán de sustentar económicamente este proyecto.
Ahora vuelvo a otro tema central en esta cuestión: el proyecto. Reitero mi comentario de hace unas semanas atrás. Los municipios o las administraciones públicas en general, son los primeros generadores de concursos públicos de proyectos, ya que tienen la potestad de actuar sobre el territorio de todos. Y ese proyecto debe ser el mejor para todos. Quizás este sea el mejor proyecto pero si no lo concursamos nunca tendremos la posibilidad de analizar otras visiones posibles. El concurso es la forma de dar transparencia a una operación urbanística integral de esta magnitud. Es también una forma de demostrarle a la comunidad que tiene la oportunidad de ser gestora de sus propios espacios urbanos, y no simple receptora del proyecto que nos trae un grupo de "elegidos".
Como corolario repito lo que muchas veces he dicho, celebro todas las iniciativas que vengan en beneficio del desarrollo urbano, pero no puedo dejar de observar que los procesos urbanísticos que dependen de la gestión pública deben transparentarse en la generación del debate con la participación de los cuerpos profesionales colegiados locales y las instituciones de la comunidad.
Arq. Jorge Bader - Matricula CAPBA 4015



