En la cultura andina encontramos una deidad sincrética del catolicismo y el paganismo que imperaba antes de la Colonia, el Tío de la Mina. Éste ser es considerado el patrón de los minerales y tesoros de la tierra y es venerado en Bolivia por los mineros. No sólo se lo hace responsable por el hallazgo de los metales y piedras preciosas, sino también por la protección de los trabajadores ante los desastres que pueden ocasionar el desprendimiento de las rocas.
En Cerro Rico, Potosí, en dónde la historia cuenta que tantos hombres murieron en la extracción de plata, se lo presenta como la imagen de un demonio, aunque sus simbolismos son muy diferentes.
En el carnaval de Oruro se lo representa como el marido de la Pachamama y la dualidad complementaria de la Virgen del Socavón. Se le ofrenda hojas de coca, alcohol y se sacrifica en su honor una llama blanca. Es curioso como en Sudamérica las religiones se fusionan con las culturas precolombinas, dando lugar a una diversidad admirable.



