Mercedes Cáceres, una de las vecinas en contra del cerramiento del barrio tal cual fue aprobado por el HCD, diálogo con La Auténtica Defensa para explicar por qué se opone al proyecto, los perjuicios que le genera la iniciativa y las alternativas que ella y su grupo proponen.
Reconocen que son una minoría pero hacen valer su derecho a ser escuchados: se trata de los vecinos del barrio Santa Brígida que se oponen al cerramiento del barrio tal cual fue aprobado la semana pasada por el HCD, en una sesión que los vio enfrentarse con la mayoría a favor de la iniciativa.
Mercedes Cáceres es odontóloga y hace cinco años que vive en Santa Brígida. Se vino desde Bella Vista con su marido, oriundo de Campana, en busca de mayor seguridad. Una tranquilidad que repetidos hechos delictivos han puesto en jaque pero que, asegura Mercedes, no se soluciona vallando la totalidad de las calles del barrio con excepción de la entrada principal.
La mujer tiene motivos para oponerse a la medida: señala que el Santa Brígida no contaría con una salida de emergencia, que el tráfico del barrio haría embudo y que los vecinos de la principal Los Gauchos sufrirían los efectos del paso constante vehículos por las puertas de sus casas que, acostumbrados a circular a gran velocidad, levantan tierra, hacen volar el empedrado y merman la serenidad propia de un barrio residencial.
Además, asegura Cáceres, el vallado así propuesto no es la mejor opción para combatir el delito.
"Con las características que tiene nuestro barrio, con mucho campo, no es una medida que resulte efectiva. Muchos delincuentes no se escaparon por las calles sino a campo traviesa. Yo se los plateé a los vecinos: primero poner un vallado perimetral en esos campos. Pero me dijeron que no. Siempre la única alternativa que el grupo da es esto o nada", comenta.
No es la única opción que Cáceres y su grupo han formulado como solución consensuada. También pensaron en un vallado similar pero dejando solo una de las calles laterales abiertas, lo que evitaría que el tráfico se concentre por un mismo camino. Asimismo, compartieron la idea cerrar tal cual se planea hacerlo hoy pero poniendo una garita en la boca de Los Gauchos, por seguridad y para evitar que los autos pasen fuerte. Según la vecina, todas fueron iniciativas descartadas por la mayoría.
A mitad de año, cuando recrudeció el conflicto vecinal a raíz de la decisión unilateral de un grupo de habitantes del barrio de cerrar una de las calles de acceso, en una mesa de negociación abierta por el Concejo Deliberante se llegó a un proyecto consensuado de medidas a implementar. Las mismas incluían "la colocación de reductores de velocidad en forma de vallas en zigzag en las cuatro calles de ingreso al barrio"; la "reparación, abovedado, entoscado y zanjeado de las calles" a vallar; "badenes como reductores de velocidad en todas las calles"; e "iluminación y cartelería" en la zona de vallas.
"Yo creo que el proyecto de consenso nunca lo implementó en su totalidad el Municipio. Está el rum rum de su fracaso, pero si uno no lo implementa en su totalidad, ¿cómo puede evaluar si tuvo éxito o no?", cuestiona la vecina.
Por otra parte, en su charla con La Auténtica Defensa mantenida en nuestra redacción, Cáceres hace referencia al lado humano de este conflicto, que ha producido una brecha sobre la que tender puentes se ha vuelto una tarea difícil.
En ese sentido, señala que impulsó el reflote de la sociedad de fomento del barrio con el objetivo de "poder autogestionar soluciones" pero sostuvo que todo el proceso tuvo "un manejo muy extraño".
"Durante la etapa de constitución, hubo más denuncias de robos y problemas de inseguridad en el barrio que en cualquier momento. Y si vos hablas off the record con los funcionarios y la Policía, se dice que algunos de los episodios no fueron tan así", afirma. En las elecciones fomentistas, se impuso la línea a favor del cerramiento aprobado hace días.
La conformación de la entidad vecinal, lejos de hacer surgir un espacio de encuentro, para Cáceres terminó de torcer el rumbo de la discusión hacia la restricción vehicular con única entrada y salida en Los Gauchos.
"De una me enteré el miércoles pasado que el proyecto tenía despacho de comisión y que el HCD el viernes lo iba a votar. No nos dejaron participar de nada", crítica.
Por otra parte, narra agresiones que les tocaron vivir a ella y su familia. Una ocurrió el día que la comunidad de Santa Brígida cortó la Ruta 4 en protesta por una seguidilla de asaltos: en su paso hacía el punto de concentración, "los violentos de siempre" –así los define- se pararon delante de su casa y comenzaron a tirar piedras e insultar a su esposo, que se encontraba dentro con una de sus hijas.
"Aguado salí que te vamos a quemar la casa", cuenta Cáceres que fue la amenaza más repetida. También asevera que voltearon uno de los postes de luz de EDEN linderos a su terreno.
"Cuando llegué y me sumé a la manifestación, la víctima del robo de ese día (NdR: una madre que fue mantenida de rehén junto con su hijo) nos señala con el dedo y nos dice que quiere que nos pase lo mismo que a ella", agrega.
La odontóloga cree que el Concejo Deliberante ha "pisoteado" los derechos y opiniones de su grupo, al ni siquiera contemplar una "indemnización o compensación" por los prejuicios que sufren los vecinos que viven cerca de los accesos al barrio y que van a ver imposibilitada su vía más rápida para entrar y salir. Ella es una: su hogar está a metros de la entrada principal que hoy se pretende dejar libre.
"A mí en seguridad no me cambia nada: si quieren venir con un camión acoplado, robarme todo y salir pueden hacerlo porque estoy al lado de la entrada", sostiene.
Pero Cáceres y su grupo tienen un último as bajo la manga para intentar derribar el cerramiento aprobado: el argumento de que es ilegal sancionar si el cien por cien de los habitantes no está de acuerdo. Si es así, la ordenanza del Concejo Deliberante no sería aplicable.
"La idea nuestra es seguir por la vía legal. Creo que se lo puede denunciar al Ejecutivo por incumplimiento del deber de funcionario público si decide avanzar", adelanta la vecina.
"El cien por cien de los vecinos del barrio van a pasar ahora por mi esquina. Eso desvaloriza mi propiedad a la hora de venderla. Me siento aplastada, que mi opinión no vale. Acá a la minoría no la están respetando para nada. Y tampoco creo que fue una discusión democrática, porque no definimos quién está en condiciones de votar: si los que quieren proteger su pileta y su quincho o los que vivimos ahí las 24 horas del día", concluye Cáceres. Una voz tan válida como todas las demás.



