Las musas griegas eran nueve e inspiraban a los humanos en general, no sólo a los artistas.
Eran hijas de Zeus y representaban el Espíritu Femenino manifiesto. Hesíodo fue quién le otorgó a cada una su nombre. Calíope, la de la bella voz, brillaba en la poesía épica. Clío era la musa de la historia. Introduce el pergamino desde Biblos, actual Siria. Se sabe que no hay historia sin escritura. Erato inspiraba a traer a la luz poemas y canciones eróticas; Euterpe, ayudaba a componer música instrumental. Su instrumento preferido era la flauta. Melpómene era la musa de la tragedia y Talía, de la comedia. Polimnia, del canto sagrado; Terpsícore de la danza y Urania, la celestial, musa de la astronomía y las ciencias en general.
Seguidoras de Apolo, así como las bacantes lo eran de Baco y las gopis del dios Krishna, animaban la vida de quienes las invocaran.
Una buena reunión, en Grecia, no se hacía con más de nueve personas por respeto a las musas. Entre comidas se recitaba, había números musicales o alguien preparaba un monólogo.
No existía el concepto de llenarse la panza y nada más. Tampoco se hacían reuniones con menos de tres personas, en honor a las gracias. Pero ésa ya es otra historia...



