Creo que uno de los paradigmas básicos con que debe lidiar la política en el ejercicio, es la falta de anticipación a los problemas futuros, o sea, en otras palabras la falta de políticas de Estado.
Su ausencia, desnaturaliza el rumbo y hace que naveguemos de un parche hacia otro.
Un indudable ejemplo es sin dudas el transporte público de pasajeros. Habrá excepciones. Pero nadie dudaría en afirmar que, a lo largo y ancho de la Argentina es deficiente. Y si pensamos en nuestra ciudad, ni siquiera logramos dicho status: directamente es malo; pero pareciera que en Campana nos encaminamos hacia una triste, total y definitiva resignación.
A varios vecinos de la ciudad que se desempeñan en diferentes trabajos, les realicé la siguiente pregunta: ¿Qué es lo más difícil de tu trabajo? Todos coincidieron en manifestar que lo más agobiante y complejo es llegar y regresar del mismo. Qué paradoja, ¿no? Algo exógeno a la tarea, pasa a ser el principal escollo.
Por supuesto, Dios nos dio dos piernas. Podrían llegar caminando. ¿Qué tan lejos se puede caminar hasta el trabajo y volver a diario? Hay que reconocer que no tiene costo y es potencialmente saludable. Pero seamos razonables: Requiere vivir cercano al lugar, algo poco frecuente, y la inseguridad reinante no lo hace aconsejable.
Las motos son la solución para el magro bolsillo promedio: son accesibles, brindan independencia, y tienen bajo costo en consumo de combustible y de mantenimiento. La contra más relevante es su peligrosidad: basta con leer el diario para saber que las motos están involucradas la mayoría de los accidentes que tienen lugar en nuestra ciudad.
En la cuna del Primer Automóvil Argentino, este medio sería la opción anhelada por muchos: es cómodo, rápido, seguro, permite transportar varios pasajeros. En contra: oneroso su costo inicial y de mantenimiento.
Finalmente, los remises son un lujo que varios se dan a falta de opciones.
Por ejemplo: pasajes de ida y vuelta a: Las Praderas $300, Malvinas $170 y Bº Sarmiento $110. Multiplicando por 24 días te da $7200, $4080 y $2640 respectivamente. Está claro que el impacto en el bolsillo de un trabajador promedio es realmente muy doloroso.
El gran ausente? el transporte más utilizado en el mundo por los trabajadores y los estudiantes; el colectivo; dicho sea de paso, otro invento argentino.
Es desde el Estado donde se deben recrear las políticas que contribuyan a facilitar todas las opciones, y es el transporte público donde más énfasis se debería poner.
En Campana los colectivos no pasan nunca o cuando quieren, cambian de recorridos, los refugios son una rareza, las unidades son viejas, y para colmo de males deben transitar por calles que se parecen más a las de Vietnam en 1965, que a una ciudad con el segundo o tercer PBI de la provincia de Buenos Aires.
Alguna vez, una gran estadista argentina dijo que el trabajador "no acumula riqueza, sino que es quien la genera". ¿No es momento de poner un rumbo para que, desde el Estado Campanense, pensando estratégicamente, se implementen medidas que faciliten un poco la vida de nuestros estudiantes y laburantes?
Tomás Buzzi / Facebook: Frente A Buzzi / Twitter: @FrenteBuzzi



