Buenos Aires (Especial para NA por Luis Torres) -- La designación de León Carlos Arslanian como ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires despejó el aturdimiento y la fragilidad en que se encontraba el gobierno de Felipe Solá frente a hechos de gravísima criminalidad.
El asesinato inútil y despiadado de Axel Blumberg encontró también al Gobierno nacional desorientado y sin respuestas ante un reclamo social que inundó las calles de la capital y de otras ciudades de la república.
El petitorio impulsado por Juan Carlos Blumberg para pedir por leyes más rígidas lleva ya más de dos millones de firmas. Número lo suficientemente elocuente como para ser tenido en cuenta por cualquier funcionario.
Arslanian ha empezado a cargar sobre sus espaldas la responsabilidad de hacer descender el índice de delitos en medio de un conurbano bonaerense, muchas veces colapsado por la pobreza y la droga.
Pero existe otro eslabón a punto de quebrarse en mil pedazos que es el de la justicia. Más de cinco mil expedientes de causas criminales gravísimas se acumulan en la Corte Suprema bonaerense y ni que hablar de lo que ocurre en los tribunales de distritos como Lomas de Zamora o San Martín.
La presencia de Arslanian saca de la línea de fuego a un Solá débil y tambaleante y al mismo tiempo lo convierte en un ¨superministro¨ como en algún momento lo fue Domingo Cavallo para Carlos Menem, salvando la debida distancia.
Para esta estrategia que fue pensada y repensada por Eduardo Duhalde existe solo un riesgo que es el temperamento del Gobernador.
Sus amigos y estrechos colaboradores narran que puede ¨perder la paciencia¨ en algún momento y generar una crisis que haga saltar por los aires no solo al flamente superministro sino a todo el esquema de seguridad que está siendo concretado.
Entretanto, el Miércoles de Cenizas una comunicación telefónica le trajo al Presidente Néstor Kirchner, que se encontraba en El Calafate, una pésima noticia. Un superjefe de la Policía Federal, Jorge Palacios, estaría involucrado en el caso Blumberg.
Después se desencadenó su enfermedad y lo primero que hizo cuando se repuso fue desplazar a ese jefe policial y dejarlo en disponibilidad.
La reflexión que circuló durante esta semana, después de que llegara el Presidente en la lluviosa tarde del miércoles, fue que ¨la ley debe ser pareja para todos¨, es decir que si desde la administración central se carga contra la corrupción policial bonaerense, no se puede hacer la vista gorda por más encumbrado que sea el jefe policial cuando se trate de un caso nacional.
Todavía existe un punto de discusión entre la Casa Rosada y el Gobierno bonaerense que se vincula con los recursos reclamados por Solá para hacer frente al nuevo plan de seguridad.
Para bien o para mal este reclamo se mezcla con el debate por la Coparticipación Federal de Impuestos, un tema de alta sensibilidad política que tiene tanto a Buenos Aires como a Córdoba y Santa Fe como principales protagonistas.
Lo que todavía la sociedad pacientemente espera es el ¨Plan Nacional de Seguridad¨ que desde hace más de un mes viene prometiendo el Gobierno nacional.
Encarpetado en la cartera de Gustavo Beliz, el proyecto consta de varias iniciativas legales, pero pone el máximo acento en reformas profundas en el sistema judicial.
Fuentes inobjetables del mismo gobierno admiten que el ímpetu con que se empezó a modificar la integración de la Corte Suprema no tuvo el mismo empuje para otros casos notorios de mala administración de justicia, lo que deriva en forma automática en casos de inseguridad. ¿O acaso las quejas de Blumberg no aluden a criminales que entran por una puerta y salen por la otra de la mano no solo de leyes benignas sino también de jueces corruptos o cuanto menos ¨flexibles¨?
El reciente desplazamiento de dos fiscales del caso AMIA, que lleva ya diez años de sustanciación, ¨terminará salpicando a los más altos niveles del poder¨, según el análisis de un legislador estrechamente vinculado al Presidente.
Son sólo medio centenar de agentes. Trabajan en secreto y bajo la más estricta reserva. Pertenecen a la Secretaría de Inteligencia del Estado y uno de ellos acaba de confesar amargamente que ¨estamos colapsados¨.
Estos hombres pudieron esclarecer el caso de Axel Blumberg porque como vulgarmente se dice ¨pusieron toda la carne en el asador¨ pero reconocieron que casos similares de crímenes aberrantes y sin sentido supera la imaginación de cualquier ciudadano honesto.
En síntesis: lejos está la inseguridad de haber cedido terreno. Hasta aquí solo hay un hombre al que se lo considera ¨con anchas espaldas¨ para afrontar la crisis, que es León Arslanián, con un proyecto que necesita recursos (antes de aceptar el cargo Kirchner se los prometió) y con una incierta ayuda militar.
Desde épocas de Carlos Ruckauf, en las que el gobierno central estaba en manos de Fernando de la Rúa, la cuestión de la ayuda del ejército, ya fuera cediendo instalaciones o prestando cocinas de campaña, estaba en debate.
En aquel tiempo la infinita burocracia impedía el auxilio militar, aún en el caso de las inundaciones y se recuerda la ira del jefe de Gabinete, Cristian Colombo, porque el gobernador bonaerense había pedido auxilio al ejército ¨sin cumplir los trámites administrativos correspondientes¨. Mientras tanto la gente se inundaba.
Aquí la cuestión parece más ideológica que burocrática.
Alguien, no se sabe bien quien, no quiere ni oir hablar de militares en la represión del delito. Ideología pura. Por eso el ministro Pampuro, después de firmar un acuerdo con Arslanian, debió emitir un comunicado señalando que no habrá uniformados del ejército ni aún manejando camiones ni piloteando helicópteros.
En uno u otro caso, ya fuera burocracia o ideología, los que siempre quedan en el medio son los ciudadanos.
El último aspecto que desencadenó la muerte de Axel Blumberg fue la reacción legislativa.
Rápidamente los diputados advirtieron la demanda social y pusieron manos a la obra en leyes que prohibirán fáciles excarcelaciones.
La sesión de diputados fue un buen cristal para ver reflejadas las grandezas y las mezquindades humanas.
Porque de eso es lo que se trata. De la humanidad. Acá no se habla de política ni de partidos ni de ideas. Se habla de lo humano. Una cuestión casi olvidada por políticos, funcionarios y magistrados judiciales.
Lo que encendió la sangre de la gente en el asesinato de Blumberg fue el grado de bestialidad que lo llevó a la muerte. Es decir la carencia del sentido de lo humano.
Los diputados comprendieron ese mensaje de la sociedad y actuaron en consecuencia. No todos, porque muchos prefirieron poner por encima del asesinato de Axel y del reclamo social su estrechez partidaria e ideológica.
Pero hubo otros cuyas conductas reconcilian a la gente con la política, con los partidos, y con el sistema democrático.
Porque hay que pensar en que para tratar esas leyes hacían falta sentar en sus bancas a los dos tercios de los presentes.
Tarea nada fácil cuando por detrás siempre están en pugna los intereses personales, partidarios o políticos.
Pero las autoridades de la Cámara y del bloque del justicialismo y del radicalismo entendieron el mensaje y estuvieron a la altura de las circunstancias.
En el Senado ocurrió algo similar. Sólo que aquí la ideología absurda quedó reducida a un puñadito de cuatro senadores, que no votaron las leyes que impiden la fácil excarcelación referida a la tenencia de armas. El resto votó unánimemente a favor.
Hay que recordar el falaz argumento usado por los ideologistas: ¨las leyes más duras no harán descender el delito¨. Sobre la base de ese razonamiento equívoco, los delincuentes salen fácilmente de la cárcel y vuelven a violar y a asesinar.



