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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 18/abr/2004 de La Auténtica Defensa.

Enfermedad, fiebre y cura a domicilio
Por Dario Martin




No queda otra, la inseguridad gana en los medios más que en las calles, con cada aviso, cada parte de radio o de gente murmurando. Si bien los hechos están, pues Axel cobró la parte más fea de lo ocurrido, la inseguridad que nos ofrecen por emisiones varias, es una más, de las que hay en el resto del país. El porqué queda muy claro y a la vista de todos, las borras resecas de varias instituciones que ya no responden a nadie. La policía que nos cuida, nos secuestra y nos mata. O compran autos, camionetas y vaya uno a saber cuantos trabajos más delegan a estas bandas. Un ejemplo que debemos cambiar y la mano dura deben orientarse a estos personajes y sus padrinos políticos, pero normalmente depende de los signos gobernantes y no de las buenas voluntades. Si no me creen, escuche el silencio que hay, aquel silencio de radio que se apaga cuando sin querer, cae una cabeza grande de la federal. Pues se quedan sin excusas, ¿cómo van a reprimir a la policía?

Pero no es de ésta inseguridad que quiero comentar, para nada. Como el domingo pasado escribía, esto son sólo los síntomas. Santiago de los Juárez o del Estero, como desean llamarlo, muestra las verdaderas víctimas fatales por esa enfermedad que consume al pueblo argentino. Los datos hablan por sí y nos dicen que nadie realizó una marcha por aquel simple número 22. Ese que deberíamos estar enseñando en las escuelas, figurando patitos. Ese que nadie se atreve ver y se sorprende, putea más de la cuenta y comenta a su lado, pero cambia de canal para mirar a la diva que regresa de Miami, con novedades, claro. Esos dos patito, que figura como ¨el loco¨, dejan de tener gracia y nos precipita como país. Una gobernación no diferente del resto y vuelvo a lo primero, cuando una mujer, acongojada por el asesinato de su hermano era entrevistada por radio Mitre, dice: ¨alguien debería hacer algo y realmente me siento representada en dolor -refiriéndose al padre de Axel- , pero nadie hace algo¨. Es verdad, nadie hace algo, pobre gente que pierde un familiar o es atacado brutalmente por delincuentes, policías y políticos que operan en la oscuridad de los días. ¿A quién delegamos nuestras responsabilidades? ¿Superman existe?

Este numerito, que no figura en la TV, es de la mortalidad infantil mentida durante años en cifras oficiales. Los que no seguirán a los jóvenes que, dentro de 20 o 30 años, nos gobernarán. La delincuencia, la ignorancia, la desnutrición, la desigualdad, la represión y las cuestiones varias que hacen de nuestras pequeñas historias, una verdadera enfermedad. Tal vez usted, sentado sobre el sillón leyendo esto, dirá que no existe o que no quieren trabajar o descuidan a sus hijos o… tantas ¨o¨, que no podrá cerrar la boca. Y la vida desaparece, a futuro, para que dentro de poco no sólo nos dominen culturalmente, sino a palos, como buenos esclavos. Ese número, que en otros lugares de nuestro ¨rico y productivo¨ país, llega a tener cifras peores a los del continente africano. Pero claro, si se puede comprar a cuota, mejor. Los trabajadores no trabajan en relación de dependencia, sino sometidos y los independientes, señores profesionales, son indigentes en búsqueda del pan de cada día. Un enorme cáncer nos consume y nos sigue gobernando sin partido de mayorías, pero con fuerza, tanta que se enfrentan a nuestros hijos y los matan. Eso es inseguridad, la de los 15000 hijos de nadie que mueren por año en el país que gasta el 8% de su crecimiento y le paga a los que nos robaron. Sin condenar el genocidio, sin condenar las injusticias somos parte de la parálisis y nos preguntamos quién vendrá ahora, sin espejo y mirando al otro. O peor, sin memoria, recordar las caras de pánico cuando, por televisión, nos mostraba el cuerpo cadavérico de una niña del norte y descubríamos la desnutrición.

Una vez estaba leyendo la historia del partido laborista del ´40 en voz baja, pero lo suficiente alta para que mi hijo - que hoy tiene 5 años- escuche cada palabra. Se detiene y me dice, reformulando con sus pocas ideas y con esas cosas que sólo los niños pueden expresar, ¨Papi, cuando vos formes tu partido, el de los trabajadores, él Che -apuntando por la ventana a un cartel que contenía la cara de Ernesto Che Guevara- volverá a su país. Porque él no viene a estos partidos cualquiera, él sólo viene si tiene uno de verdad¨. Asombrado, pero expectante por más palabras, lo interrogue para preguntarle donde está el ¨Che¨ que va a venir. Frunciendo como si pensara mucho, me contesta: ¨Estados Unidos lo tiene y no quiere que venga, pues si viene, toda esa América que vos decís, no le va a dar pelota y solo quiere venir la Argentina para descansar, pues es largo el viaje que hizo¨. Sólo son palabras sueltas de un niño, pero son heridas grandes de años y nos alejan de la verdad, lejos de cada acontecimiento que le ocurre al vecino o un amigo. Las venas que nos hacen sangrar inseguros y que sólo las veré curadas cuando por la ventana, viejo y machacado, recuerde aquel cartel y sobre la calle a ese ejército de trabajadores organizados en su propio partido, arengando y a mi hijo, seguramente entre sus filas, gobernando esta nación para un futuro, que hoy, no es mejor.

No se necesitan manos duras, sólo una cara de piedra para dar varias razones del porqué estamos como estamos. Decir que es nuestra idiosincrasia o por ser argentinos o por tantas cosas, es parte del cambio que debemos realizar. Pues lo único inseguro hoy es el futuro de un país que se muere de miles y nos tapamos los ojos, escuchamos lo justo y necesario, porque la verdad da miedo y en la calle hace frío para protestar. O cómo otros hablan, está lleno de piqueteros que piden plan trabajar. Y el ¨alguien¨, ¿lo seguimos esperando?

dariomartinamaru@yahoo.com

El autor es miembro del Centro de Estudios Literarios y Periodísticos del taller-escuela Mariano Moreno.


 
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