Como todos los domingos intentamos cultivar en este espacio la posibilidad de reflexión, especialmente en aquellos aspectos que son de más difícil comprensión y que atañen a la responsabilidad que nos cabe en el desarrollo de nuestras vidas. Hoy queríamos ocuparnos del resentimiento. Nos dice el diccionario que es el amargo y enraizado recuerdo de una injuria particular, de la cual desea uno satisfacerse. Su sinónimo es el rencor. En criollo, es cuando nuestras conversaciones internas están basadas sólo en juicios personales, y es allí donde el resentimiento encuentra terreno fértil; pensamos que somos víctimas de las circunstancias, de las injusticias, y siempre aparecerá un culpable de lo que nos sucede: la vida, la gente, la situación, la política...
Sin tener conciencia de esto, al emitir estos juicios, también se hace una declaración de venganza: ¨tarde o temprano la persona que cometió esta injusticia me las va a pagar¨. El resentimiento crece en el silencio y rara vez se manifiesta.
Estas conversaciones internas se desarrollan cuando no podemos expresar a través de la palabra, nuestra ira o reclamo..
El resentimiento se ha alimentado seguramente de humillaciones múltiples, de promesas o de expectativas legítimas no cumplidas, de celos y de envidia; y las cuales al ser sofocadas, surge la venganza mediante una acción reiterada en la fantasía o en algunos casos llevándola a cabo. Estas falencias parecieran que nos confieren el derecho a esperar de los demás o de las circunstancias un determinado comportamiento para con nosotros. Al no resultar las cosas como esperábamos se generan juicios, llenos de resentimiento.
Las personas que viven en el resentimiento no tienen paz, felicidad ni alegría verdadera ; viven afectadas por el sufrimiento que este les produce, limitadas para accionar e incubando mayor resentimiento.
El resentimiento esclaviza, profundiza la impotencia y se transforma en amo de uno mismo, quedando así abrumado por un pasado que no puede separar, y capturado en el no paso del tiempo. Estamos convencidos de que somos autores de lo que nos acontece; pero muchas veces no lo sabemos. Enterarse no es sencillo, pero es el primer paso para cambiar.
Lic. Patricia Katz Lic. Sebastián Terrizzano
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