Se enamoraron. Las coincidencias eran abrumadoras: los dos eran del mismo barrio, del mismo equipo de fútbol y del mismo signo. Leían los mismos libros y amaban el deporte. Cuando iban cada uno por su lado, veían las mismas películas. En la política eran puro consenso. Llegaron a creer que en otra vida fueron hermanos. Otro ámbito en el que confluían era la música. Nada de cumbia, lo de ellos era el rock and roll. En la cama la empatía era tremenda, bastaba pensar una caricia y el otro ya la ejecutaba como si fuera una orden. Jugaban a la telepatía como los chicos al videogame.
Pero había diferencias, pocas, pero sustanciales. Una de ellas era que ella tenía 32 y él 45. Otra era que el era casado, con dos hijos y ella soltera, sin hijos. Ella era valiente para las decisiones, él timorato. Ella quedó embarazada y él no supo hacer frente a la situación. Fue cuando ella decidió hacerse un aborto y no atender mas el teléfono.
Pasaron los años. Hoy ella detesta el fútbol. Él no pasa mas por la calle en donde se encontraban. Pero cuando suena en la radio alguna de las canciones compartidas a él se le llenan los ojos de lágrimas. Por cobarde, había perdido el amor de su vida
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



