Ni el brillante más puro tiene el valor de la calma.Nada te turbe. Nada te espante, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quién a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta. ya lo dijo Santa Teresa de Jesús en el siglo XVI. El Tao Te Ching, en su poema Conservar la calma, del siglo II, nos dice: Una sala llena de oro y jade nadie la puede proteger. Riquezas y honores traen soberbia, soberbia que conlleva a la destrucción.
¿En qué se asemejan ésos dos fragmentos, que tienen la calma como eje temático? en el que las cosas materiales son la razón más frecuente por la cuál la perdemos. En una época en la que el trabajo se ha vuelto difícil de sostener u obtener, los traslados se hacen cada vez más largos y la tecnología de a poco va sustituyendo el arte,la espiritualidad y la naturaleza en el poco tiempo que nos queda libre, la calma se ha vuelto un verdadero tesoro.
¿Y cómo recobrar el eje perdido? De la misma manera que uno evita un choque en alta velocidad: disminuyendo la marcha y frenando a tiempo. No es cierto que siempre se puede estar peor. Hay momentos en el que el cuerpo y la mente dicen basta! Es cuando surgen las depresiones y las enfermedades psicosomáticas. Volvamos al trípode sostenedor, el que jamás falla desde la prehistoria: arte, espiritualidad, naturaleza, sumándole una pata extra, el diamante más preciado, la joya de la corona, ésa pequeña palabra capaz de contener en su composición todo nuestro interior:la calma.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



