Si miramos a nuestro alrededor, falta algo. Casi no se ven niños jugando en las calles. Los adultos ya no tienen tiempo para acompañarlos. También es cierto y comprensible el temor por la inseguridad. Pero eso muchas veces se convierte en excusa para encerrarlos en las casas o departamentos. ¿No sería más seguro si hay muchos niños jugando en las veredas, acompañados por los adultos?
No están teniendo las posibilidades que muchos de nosotros tuvimos, de salir a la vereda, trepar a los árboles, hacer amigos, explorar las pequeñas grandes cosas, equivocarse, reírse a carcajadas, aprender a compartir, indignarse cuando otros hacen trampa en los juegos, ver qué pasa cuando ellos mismos hacen trampa. En síntesis, aprender viviendo, experimentando.
La tecnología está creando nuevas adicciones, y los adultos egoístamente estamos permitiendo con liviandad una infancia tan vacía.
La angustia, la soledad, la frustración y el vacío de estar siendo juzgados y condenados una y otra vez, las ´reemplazan´ con el efímero placer de los dispositivos tecnológicos. Casi los mantenemos hipnotizados e inmóviles.
¿Qué realidad estamos construyendo para ellos?
Creo que es hora de empezar a ofrecerles un lugar. La infancia pasa muy rápido, y ya no vuelve. Aunque muchas veces no exista mucho tiempo real por nuestras ocupaciones cotidianas, lo que les da un verdadero espacio en este mundo y los vuelve verdaderos protagonistas de sus vidas, es el tiempo de calidad que les brindamos cuando estamos con ellos, basados en un amor genuino que deriva en la comprensión. Debemos evitar por todos los medios los malos entendidos, ya que esto confunde: ellos no se portan ´mal´ a propósito. No siempre es un reto lo que están necesitando -aunque a veces sí lo es. Necesitan espacio y comprensión. Necesitan mensajes claros, y sentir la aprobación de los adultos, mediante una sonrisa o una palabra de aliento. Necesitan expresarse pero aún no tienen los medios para ello, ni la conciencia de lo que les está pasando, y entonces se expresan como pueden.
Todos y cada uno de los pequeños tiene algo único para ofrecer, así como cada uno de nosotros lo teníamos de niños y lo seguimos teniendo. Y está en nosotros generar las condiciones para que ellos tengan infancias felices, y que puedan expresar lo mejor de ellos mismos con libertad.
Analía Carrasco, Lic. en Ciencias de la Educación



