En la mayoría de los manuales virtuales de los grandes emperadores, de los principales estrategas militares y de los grandes conquistadores estaba escrito que: ¨Es imprecindible ampliar el reinado invadiendo a nuestros vecinos, sometiéndolos, haciendo valer el poder e imponiendo nuestra cultura¨. Así, de esta manera el gran imperio romano, Napoleón Bonaparte y Adolf Hittler intentaron sin éxito crear el gran imperio europeo al costo humano que fuese necesario, no pudiendo superar las ancias de poder y dominación por sobre otras culturas, otros estilos de vida u otras religiones.
Más otra es la forma moderna. Mucho más inteligente y beneficiosa es la gran estrategia europea de crear una superpotencia mundial que aglutine a los países europeos, en pos de poder estar a la altura de los nuevos tiempos que se avecinan.
La República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia y Eslovenia, junto a las islas de Malta y Chipre, que nunca estuvieron en la órbita soviética, son los nuevos mimebros de la UE; que se suman a Bélgica, Alemania, Francia, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos, Dinamarca, Irlanda, Reino Unido, Grecia, España, Portugal, Austria, Finlandia y Suecia.
Y digo que otra es la forma, porque desde la caída del muro de Berlín, donde Alemania Oriental y la Occidental se unen en una sola nación; ha germinado la idea de nivelar para arriba a todo el viejo continente; no sin que ello significara grandes esfuerzos políticos, sociales y económicos en donde las economías más poderosas fueron las que más dinero han tenido que invertir por sobre las otras menores; orientandolas a una transformación superadora; lejana de buscar aprovecharse de sus debilidades como nos ha ocurrido en nuestra querida América.
Así la convulsionada España de los 80, el pobre Portugal, la desorientada Grecia y la corruptísima Italia vieron como sus países debían entrar en esta nueva ola para poder recibir de los más poderosos (Alemania y Francia) el espaldarazo necesario para que vuestras naciones comiencen a pensar en un todo, sin por ello perder su idiosincracia, su historia ni su cultura.
Hoy, aquello que comenzó como un gran proyecto es una realidad: Europa se encuentra más unida, rica y homogenea como nunca se ha visto y todo ello sin disparar ni una sola bala ni movilizar ninguna tropa.
Por esto y por lo que seguramente vendrá, permitanme unirme en este festejo que envuelve a todos los europeos, al mejor estilo francés: ¨Chapeaux¨ (Me saco el sombrero)...
Fernando Andrioli
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