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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 20/ago/2017 de La Auténtica Defensa.

La Voz del águila:
Aparición de la Virgen de Guadalupe, México




El día 9 de diciembre de 1531, Juan Diego iba rumbo al Convento para oír misa. De repente oyó música que parecía el gorjeo de miles de pájaros. Muy sorprendido se paró, alzó su vista a la cima del cerro y vio que estaba iluminado con una luz extraña.

Cesó la música y enseguida oyó una voz procedente de una colina, llamándole: "Juanito; querido Juan Dieguito". Juan subió y al llegar a la cumbre vio a la Santísima Virgen. Le dijo que ella era la Inmaculada Virgen María, además de lo siguiente:"Y para realizar lo que mi clemencia pretende, irás a la casa del Obispo de México y le dirás que yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo; que aquí en el llano me edifique un templo. Le contarás cuanto has visto y admirado, y lo que has oído. Ten por seguro que le agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás que yo te recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Ya has oído mi mandato, hijo mío, el más pequeño: anda y pon todo tu esfuerzo".

Cuando Juan llegó a la casa del Obispo y fue llevado a su presencia, le dijo todo lo que la Madre de Dios le había dicho. Pero el Obispo dudó, y le pidió volver otro día.

Ese mismo día regresó a la cumbre de la colina y encontró a la Santísima Virgen que le estaba esperando. Con lágrimas le contó cómo había fracasado. Ella le pidió volver a ver al Sr. Obispo el día siguiente. Juan Diego cumplió con el mandato de la Santísima Virgen. Esta vez tuvo mejor éxito; el Sr. Obispo pidió una señal.

Juan regresó a la colina, dio el recado a María Santísima y ella prometió darle una señal al siguiente día en la mañana. Pero Juan Diego no podía cumplir este encargo porque un tío suyo había enfermado.

Dos días más tarde, el día doce de diciembre, su tío estaba moribundo y Juan Diego se apresuró a traerle un sacerdote. Llegó a la ladera del cerro y optó ir por el lado oriente para evitar que la Virgen Santísima le viera pasar. Primero quería atender a su tío. Con grande sorpresa la vio bajar y salir a su encuentro. Juan le dio su disculpa por no haber venido el día anterior. Ella le respondió: "Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia. ¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra?¿Qué más te falta? No te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella; está seguro de que ya sanó".

Cuando Juan Diego oyó esto se sintió contento. Le rogó que le despachara a ver al Señor Obispo para llevarle alguna señal y prueba a fin de que le creyera. Ella le dijo: "Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, recógelas y enseguida baja y tráelas a mi presencia".

Cuando Juan Diego estuvo ante el Obispo Fray Juan de Zumárraga, y le contó los detalles de la cuarta aparición de la Santísima Virgen, abrió su tilma para mostrarle las flores, las cuales cayeron al suelo. En este instante, ante la inmensa sorpresa del Señor Obispo, apareció la imagen de la Santísima Virgen María pintada con los más hermosos colores sobre la tela de su manto…

¡Ave María!

¡Ave, Ave oh María! ¡Ave María! ¡Rosa sobre la cruz!

Ave María creadora de estrellas, de genios solares, del amor y de la justicia.

Ave, Ave oh María, estrella de la mañana, perfume que purifica y rescata nuestras debilidades, nuestros límites, nuestras incertidumbres.

¡Ave, Ave María! nosotros te amamos porque nosotros somos, nosotros existimos porque hemos sido emanados de tu seno divino. Madre santa, madre nuestra, nosotros nos ofrecemos con todo nuestro ser para servirte a ti y a tu Santo Hijo el Cristo. Si, es así Madre santa, es así mujer del celeste amor, esposa sublime del santo espíritu, el pastor de los hombres.

¡Ave, Ave oh María!

¡Ave, Ave oh María! madre nuestra. ¡Ave, Ave oh María madre del cosmos, madre de todas las galaxias, de todas las estrellas, madre de los infinitos mundos y del inmortal espíritu de los hombres!

Ave, Ave oh María, madre y padre de todas las cosas.

Del Cielo a la Tierra

G. B.

15 de Agosto de 2017

(Continúa el próximo domingo)

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Imagen ilustrativa, selección del editor. Foto: Google images.

 
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