"Una filita yo voy a hacer, detrás de mi compañero me voy a poner, las manos detrás para no molestar y paso a pasito yo voy a caminar". Con este simple recitado, mi señorita de Jardín nos enseñaba a respetar al otro, a mantener el orden y cumplir normas. Parece que algo tan simple y sencillo que cumplíamos a rajatabla a los 4 años, ahora se nos hace imposible.
Lamentablemente en estos días de ebullición política nos florecen las peores facetas. No invento nada si digo que las redes sociales son un fuerte motor que potencian la hostilidad constantemente. Da la sensación que poner un "like" a un comentario de alguien que profesa una forma de pensar diferente, te catapultará al infierno.
Te cuento: El espacio político "Vamos Campana" liderado por Alejo Sarna, hizo su balance posterior a las PASO y subió una foto al Facebook con todos los precandidatos. Inmediatamente una serie de "trolls" vernáculos e inadaptados escribieron insultos y barbaridades sin ton ni son. Dicho espacio (al cual no adhiero) no sólo hizo una excelente elección, sino que todos sus componentes han dado muestras de respeto, buen trato y predisposición a sumarse a la vida política de Campana como una opción más que válida.
Este fenómeno de agresión constante, no sólo la ha sufrido esa fuerza, sino todas en general. Se puede entender a algún vecino lance un agravio perdido, no es grave. Pero no se entiende al que sólo sabe expresarse a fuerza de insultos, entre ellos actores políticos en funciones.
Por costumbre, cada domingo, subo estas columnas a las redes, con el fin de que cualquier vecino pueda dar su parecer, obviamente tratando de mantener el marco del respeto, cosa que en un 98% sucede. La paradoja es que en mi muro, a la hora del insulto o la bajeza, son funcionarios del gobierno los primeros y más destacados.
No soy sociólogo, pero me da la sensación que somos víctimas de este constante repiqueteo que hacen en nuestras mentes los fundamentalistas del odio. Entonces vemos (por ejemplo) una mujer mayor, abuela, buena persona que uno conoce de toda la vida, desparramando un odio extremo totalmente inducido, diciendo barbaridades sin sentido.
Esta vecina del barrio escribe (en mayúsculas, que significa, además, gritando): "¿Ven pel…. que Maldonado estaba en Gualeguaychú?" en clara referencia al burdo invento de TN previo a las elecciones para licuar el caso mediáticamente.
Ahora, ¿Qué pasa en la cabeza de esta respetable mujer que (engañada) se entera de la aparición con vida de un joven de 28 años, para que su primer reacción espontanea sea una descarga casi de barrabrava hacia una parte de la sociedad que se preocupa por la desaparición de un manifestante en plena democracia?
Quizás alguien me pueda decir "Ojo: así como se usó políticamente a Nisman, ahora se utiliza a Santiago". Puede ser, pero ¿Importa? ¿Y nosotros? ¿Acaso no tenemos nuestro propio criterio? ¿Por qué tenemos que ser funcionales a algo y por esa simple razón callar? Todos tenemos alguna inclinación política y eso es válido. Pero no creo que a vos ningún político te pague las cuentas a fin de mes. ¿Cuál es el pecado mortal, si soy votante de cambiemos y alzo mi vos reclamando la aparición con vida de Santiago Maldonado? Si soy K, ¿Que me impediría pedir que se esclarezca el caso Nisman? Carla Navazzoti integrante de "Vamos Campana", al ser agredido su espacio, en lugar de devolver los agravios, lo transformó en una idea muy interesante. La campaña: "Hagamos un uso responsable de las redes sociales". La otra opción, sería darnos una vuelta por alguna salita del jardín, ¿no?
PD: Soy Tomás Buzzi y estoy en Campana. ¿Dónde está Santiago Maldonado? Que tengas un buena semana.



