Un reportero preguntó a un líder del Vaticano: "¿Cuántas personas trabajan aquí?" El líder, muy bromista, contestó:
"Supongo que la mitad."
La respuesta fue chistosa, pero constatamos, de manera bien seria, que mucho menos de la mitad de los cristianos trabaja efectivamente en la obra de Dios. La mayor parte de los que fueron alcanzados por el amor de Dios, y tuvieron la posibilidad de ser salvos, siquiera van un día a la iglesia para adorar al Salvador. Van cuando el tiempo es bueno, cuando no hace mucho calor, o bien lo hacen cuando alguien especial visita la comunidad, o cuando tienen algún interés o pedido a hacer.
Están siempre esperando que otros hagan su parte, que canten y recen por ellos, formen grupos de oración e intercedan por sus necesidades. Que les sustituyan cual si eso fuese posible...
Hay un cántico que dice: "Quiero trabajar pa´ mi Señor...", pero son pocos los que gustan cantarlo y, cuando lo hacen, no se dan cuenta de que, en verdad, no quieren.
¿Cuántos son los que trabajan? Muy pocos. ¿Cuántos los que rezan?
Muy pocos. ¿Cuántos obedecen a lo escrito? Muy pocos. Pero, aún así, Cristo nos ama a todos, y quiere salvarnos a todos.
¿Qué estamos esperando para hacer algo bueno para la obra de Dios?
Claudio Valerio. Foto: Archivo.



