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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 18/mar/2018 de La Auténtica Defensa.

Actualidad Alimentaria (2da. Parte)
Por Dr. Fernando Valdivia






Fernando Valdivia

Mencionamos la semana pasada que uno de los temas sanitarios que más preocupaciones genera es el de la epidemia obesidad y su tasa creciente que no da muestras de cambiar su tendencia. Basta ver que, dependiendo del grupo de edad de que se trate, estamos hablando de 40%, 50% o 60% de obesos sobre el total de cada universo medido. Mayor cantidad de casos entre adultos y bajando apenas en los segmentos de jóvenes y niños. Es natural que así sea, ya que la obesidad no es una enfermedad que aparezca de la noche a la mañana, sino que implica una determinada cantidad de tiempo en condiciones de mala alimentación. Como sea, estamos hablando de un 50% de la población. Una verdadera catástrofe sanitaria.

Uno de los abordajes más recomendados para confrontar este problema es la educación alimentaria, en combinación con estrategias severas de regulación de la publicidad de alimentos. En esta entrada de hoy analizaremos qué es lo que está pasando en este aspecto central de la alimentación.

La publicidad de alimentos en Argentina

"Alimentos y bebidas" es una de las principales categorías de la industria publicitaria y representa la quinta parte del total de las publicidades dirigidas a niños. Los modelos publicitarios son casi siempre los mismos, sin importar mucho a qué segmento estén dirigidos: composición de jingles pegadizos, alguna celebridad o construcción de personajes animados que generan empatía y sentido de pertenencia. En todos los casos, además, se suman actividades promocionales como concursos y premiaciones en las que el incentivo está puesto en el consumo. A mayor consumo, mejor o más grande será el premio.

Existe suficiente evidencia que muestra la correlación entre la publicidad de alimentos no saludables orientados a chicos y la demanda de compra que estos realizan por sí mismos o por intermedio de sus padres. Dicho de otro modo: a mayor cantidad de publicidades de alimentos no saludables, mayor es el consumo de esos productos por parte de los niños. Bastante obvio. Si contrastamos lo anterior con los resultados de las encuestas nacionales de nutrición y salud, la realidad es aún más alarmante. La obesidad y el sobrepeso no detienen su marcha epidémica afectando a niños de cada vez más corta edad, representando también un problema en la adolescencia.

Un estudio realizado recientemente por la Organización Panamericana de la Salud/ Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) muestra este flagelo en dimensiones dramáticas: un niño que mira 3 horas diarias de televisión está expuesto a 61 publicidades de alimentos de bajo valor nutricional por semana. El estudio se concentró en la oferta mediática de Argentina, pero puede extrapolarse perfectamente a cualquier país de la región.

En dichos programas de audiencia infantil, las categorías más publicitadas fueron: los postres (23,3%), los lácteos (16,2%), las bebidas azucaradas (13,2%), las cadenas de comida rápida (12,5%) y los snacks salados (7,9%). Ninguno de estos alimentos entraría en una lista de alimentos saludables y por tal razón, las recomendaciones de la OMS fueron, precisamente, que los gobiernos tiendan a poner restricciones a la publicidad de alimentos y bebidas dirigidas a niños. (Un problema adicional con los niños, especialmente los más pequeños, es que entienden las publicidades de manera literal y por eso requieren del acompañamiento de los mayores para poder decodificar sus mensajes. En una promo de raspadita creen que solo hace falta raspar para ganar. Si tenés hijos es algo que seguramente has podido experimentar).

Regulados por los vendedores

Si bien nuestro país tiene legislación que debiera servir para regular las publicidades de alimentos y medicamentos -es la ANMAT dependiente del Ministerio de Salud quien está a cargo de tales regulaciones-, en la práctica dichos controles distan de ser serios. Basta con encender la televisión o detenerse frente a los carteles publicitarios en la vía pública para darnos cuenta de la gravedad del asunto. Casi cualquier cosa es posible en materia de publicidad de alimentos.

Al analizar la matriz institucional del sector público se reconoce fácilmente que dichos organismos están cooptados por las propias empresas que debieran ser su objeto de control. Algo impensado en otros lugares del planeta aquí es una triste realidad. El lobo cuidando de las ovejas. Algo más para agregar condimentos a un asunto peligroso: en este mismo escenario hay funcionarios del Poder Ejecutivo y Legisladores que plantean la necesidad y la urgencia de abordar la epidemia de obesidad, y para ello hacen llamados a las organizaciones de la sociedad civil para que participen de audiencias y encuentros destinados a la búsqueda de soluciones.

Una realidad por lo menos carente de coherencia y sensatez. Mientras se da vía libre a las empresas alimentarias para que produzcan y vendan lo que más les conviene sin reparar en los efectos, se hace un llamado a la búsqueda de las soluciones, que son precisamente las que se evaden en las propias definiciones de esta política pública.

Dr. Fernando Valdivia / Email: fv@fernandovaldivia.com / Sitio Web: www.fernandovaldivia.com


 
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