Todos en mayor o menor medida necesitamos nuestra dosis de aprobación exterior, ya que somos seres sociales por naturaleza, pero hay una línea que separa lo normal que todos hemos sentido alguna vez, de lo patológico donde la persona tiene problemas personales por una excesiva necesidad de aprobación.
La necesidad de aprobación desde que nacemos
Para entender por qué algunos adultos tienen dependencia a ser aprobados, debemos remontarnos a la niñez. En las primeras etapas de la vida necesitamos la aprobación exterior, que de no ser recibida traerá problemas de autoestima en la edad adulta. Si una madre le dice a su hijo que es un desastre, no confía en él y en vez de ver sus virtudes se enfoca en los defectos, este niño cuando crezca tendrá una autoestima debilitada y buscará en otros esa aprobación que no recibió. Pero no siempre se crece con baja autoestima por una valoración familiar, a veces otras personas en el colegio, amistades, profesores, etc sustituyen esa valoración.
La familia suele ser el pilar más importante, pero a veces un niño puede llegar a desarrollarse y formar una sana autoestima gracias a la aprobación de otros miembros importantes fuera del seno familiar.
Nuestra autoimagen fue construida por lo que recibimos del mundo, por eso es lógico que aún en la edad adulta siempre se busque un poco de aprobación, ya que nos reafirma y nos da seguridad.
A todos nos gusta que nos halaguen, gustar, caer bien, pero la línea que separa una búsqueda de aprobación sana de otra problemática es muy fina, y estaría en analizar si nuestro comportamiento y decisiones varían por las opiniones exteriores.
¿Cuándo se convierte en dependencia? Podríamos hablar de dependencia cuando entregamos las riendas de nuestra vida a las opiniones de otros. Una cosa es desear la aprobación que sería algo normal, pero la línea que traspasa lo patológico estaría en necesitarlo para tener buenas emociones.
Ejemplos: -Opinar diferente a alguien y no mostrar el desacuerdo, sino que intentamos ser amables para agradar y no enfadar a la persona que tiene una opinión opuesta a la nuestra. -Nuestras emociones varían por la opinión exterior. Si nos halagan y nos aprueban nos sentimos eufóricos y alegres, pero si nos critican y desaprueban nos sentimos tristes y poco valiosos. -No saber decir "no" y anteponer hacer favores a los demás antes que escuchar las necesidades propias.
Preocupación excesiva por tener buen aspecto. Una cosa es que nos guste arreglarnos y lo hagamos a menudo, el problema viene cuando se convierte en una necesidad y no nos pueden ver despeinadas, sin maquillaje o con un aspecto que consideremos que no es saludable. Las personas que no necesitan la aprobación de los demás no tienen problema en mostrarse sin arreglar y lo hacen con naturalidad.
Saber estar excesivo. Si ante la sociedad nos mostramos demasiado correctos y perdemos la naturalidad y espontaneidad, podría ser que en el fondo tuviéramos miedo a ser rechazados, por ello, intentamos pasar desapercibidos, para que no podamos recibir alguna crítica.
Es importante conocer la opinión de otras personas porque todos podemos enriquecernos mutuamente, pero, definitivamente, que te preocupe demasiado lo que piensan los demás...
No todos somos iguales, cada uno tenemos nuestros gustos, opiniones, forma de vida, etc.. ser diferente no significa que sea mejor o peor. Nos encontraremos a personas opuestas con las que no congeniaremos, pero eso no debemos verlo nunca como desaprobación sino como diferencia.



