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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 25/mar/2018 de La Auténtica Defensa.

Apasionada




Rosarina de nacimiento y campanense por adopción, la Dra. Norma Códega cumplió 50 años ejerciendo como bioquímica. "Mis colegas dicen que soy la Mirtha Legrand de la profesión", bromea, luego de acumular más de 83 mil pacientes atendidos en nuestra ciudad.

"En todos estos años de trabajo, puedo decir que Campana se ha caracterizado por mejorar sus niveles de colesterol: la gente se cuida más que antaño. Sí me llama la atención el crecimiento de los problemas de tiroides. Es un fenómeno que se replica sobre la vera del Paraná, de Rosario para acá: la falta de iodo. Entiendo que en San Juan es otra región del país donde pasa algo similar", dice Norma Códega (74) en su laboratorio de la calle Güemes 834, quien el lunes cumplió 50 años de actividad profesional.

Lejos de pensar en su retiro, a sus 74 explica que su profesión la apasiona. Sí, por supuesto, bajó el ritmo de trabajo y se limita a recibir un puñado de pacientes por día. Porque además, su trabajo, es absolutamente artesanal. "Algunos no me creen, pero yo sigo contando los glóbulos rojos a ojo" dice, y nos muestra al consentido de su laboratorio: un impecable microscopio Carl Zeiss, la joya óptica que la acompaña desde que se estableció en Campana siguiendo los pasos de su esposo, el cardiólogo nacido y criado en Campana, Nildo Rodríguez.

VOCACION Y DESTINO

Fue un profesor de Merceología del secundario Dante Alighieri de Rosario quien le vio condiciones y le sugirió a su madre que "la nena" estudiara bioquímica. Madre e hija no sólo le hicieron caso al profesor: Norma se recibió en la Universidad de Rosario con Diploma de Honor.

Todo parecía programado. Lo que no imaginaba Norma cuando empezó a estudiar es que terminaría ejerciendo en Campana. Fue el primo de Norma, el Dr. Duilio Códega, quien invitó a su colega campanense a conocer Rosario… Pero había algo más por conocer allá: "Nos vimos y fue amor a primera vista", dice la bioquí-mica con una sonrisa. La cuestión es que tuvieron un noviazgo a distancia durante 4 años.

Él la iba visitar cada 15 días. Nildo abordaba directamente la locomotora del tren que conducía su suegro, Ezio, una "ALCO 8000" que tiraba de la formación que cubría el trayecto Buenos Aires – Rosario. Ella los esperaba en el andén de Rosario Norte.

Luego de recibida y tras ejercer un año en el Hospital Centenario de Rosario, Norma se casó con Nildo y el destino fue Campana. "Cuando llegué, no había muchas opciones para ejercer. El Hospital no tenía servicio de laboratorio y el panorama no era muy alentador. Dicen que los bebés vienen con un pan bajo el brazo y a mí me pasó: luego que nació Alejandro me convocaron de la entonces Dalmine Siderca para hacer análisis pre ocupacionales, a los que me dediqué durante 12 años", recuerda y se emociona cuando menciona a su colega Glorialdo Stamponi: "por décadas el bioquímico más importante de la ciudad y quien nos guió al resto en la actividad".

Ahí explica que, siguiendo los pasos de Glorialdo, nunca delegó un análisis en toda su carrera: "Nunca tuve problemas, más bien satisfacciones. Y si me equivoco, me equivocaré yo", dice. También tiene palabras de aprecio para el técnico electrónico Gustavo Ventosa: "Ese chico es un genio. No hay un sólo aparato de mi laboratorio que no haya pasado por sus manos. No sólo reparándolos, también actualizándolos cuando hizo falta". Y hablando de genios, no olvida mencionar a su ídolo: César Milstein, químico argentino nacionalizado británico, quien obtuvo el premio Nobel de Medicina en 1984. "El trabajo de Milstein con los anticuerpos monoclonales fue un hito para mi profesión. Milstein abrió la puerta para el desarrollo de la bioquímica contemporánea. Para nosotros fue un antes y un después de él".

Madre de Alejandro y Laura, y abuela de Luca, Norma ni piensa en el retiro. Dice que se siente bien, y se la ve bien. De hecho, los análisis que se hace a ella misma cada 6 meses le dan la razón. "Acá, en mi laboratorio, soy feliz. Amo lo que hago y creo que mis pacientes lo perciben, por eso no dejan de venir y me mandan a sus familiares. Tengo contabilizados más de 83 mil análisis en este laboratorio. Imagináte: le saqué sangre a 3 generaciones de campanenses. Mis colegas bromean que soy la Mirtha Legrand de la profesión", dice con una amplia sonrisa. Chapó!


VITAL. Norma Códega junto al Carl Zeiss que la acompaña a diario en su laboratorio de la calle Güemes.

 
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