Estamos habituados a ver las cosas desde un sólo ángulo, punto de vista dado por nuestra época, creencias y postulados. Pocas veces cuestionamos si lo que pensamos puede o no ser modificado. Luego de muchos años trabajando con talleres de autoconocimiento, me he dado cuenta que no todo aquél que dice querer cambiar tiene reales deseos de hacerlo. ¿Para qué querríamos cambiar? Por disconformidad, sufrimiento, falta de oportunidades, mala comunicación, aislamiento, enfermedad, soledad...en fin, nadie desea hacerlo porque la vida le sonríe.
¿Y cómo empezar el primer día del resto de nuestras vidas? Entrenando el pensamiento lateral.
Proponiéndonos un nuevo enfoque de la situación. Solemos ser literales, concisos, llenos de grandes verdades incuestionables. Decretamos con la certeza de tener superpoderes. _ Yo soy así, qué voy a hacer, nací buenmozo y embalao para el querer, ya lo dijo el tango. No obstante, si me bajara del caballo vería las flores más de cerca, podría mirar la gente a los ojos, hablarles de igual a igual y quizá, sentir empatía por lo que sucede alrededor.
El pensamiento literal describe, objetiviza, propone metas y es vertical, jerárquico. El lateral disfruta del paisaje, se centra en la emoción, es intuitivo y horizontal, ambos son imprescindibles para la vida. Por una cuestión social, prepondera el primero por sobre el segundo. Tratemos de volvernos más laterales, tolerantes y pacíficos y menos literales, belicosos y presuntos dueños de la verdad.
Fabiana Daversa
www.fabianadaversa.com



