La gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, habló públicamente días atrás y se preguntó si era "justo llenar la provincia de universidades públicas, cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad". Sus palabras demuestran con claridad su desconocimiento sobre el importante papel que desde hace más de 100 años ha tenido en la historia argentina la educación pública.
UN POCO DE HISTORIA
Hace 134 años atrás, durante el gobierno conservador y oligárquico de Julio A. Roca, se promulgó la Ley 1420. La misma estableció que la educación primaria debía ser gratuita, obligatoria y por grados. Además, estableció un conjunto de innovaciones pedagógicas como, por ejemplo, la enseñanza de ciencias, la prohibición de castigos corporales, la creación del recreo, el uso del pizarrón y que cada alumna/o pudiera tener su propio pupitre. Por último, restringió la enseñanza religiosa obligatoria convirtiéndola en opcional y extracurricular. Sin dudas, este fue el primer paso para que gran parte de la población dejara de ser analfabeta.
Pocos años después, en 1905, se aprobó la "Ley Laínez". También de origen conservador y oligárquico, que tuvo como objetivo central comprometer al Estado en la problemática educativa nacional. Así fue que, a partir de su promulgación, comenzó la construcción de establecimientos educativos en todo el territorio argentino, la educación de los habitantes paso a ser una cuestión de suma importancia y fue gracias a estas medidas que, en poco tiempo, gran parte de la población argentina pasó a ser una de las mas instruidas del continente americano.
Sin embargo, la historia no termina aquí. En 1918, hace solo 100 años atrás, los estudiantes universitarios de Córdoba comenzaron un conjunto de protestas para democratizar las cátedras y el funcionamiento de las universidades. Sus luchas fueron exitosas. Es por eso que aquella gesta sigue siendo recordada hasta el día de hoy por los estudiantes de las universidades de nuestro país y en innumerables universidades de todo el mundo.
La mención de estos tres hechos no significa analizar la historia de la educación en Argentina. La misma es larga y compleja. Pero esos hechos sentaron las bases para que nuestro sistema de educación pública siga siendo, a pesar de todo, un ejemplo y un modelo que brilla con luz propia gracias al esfuerzo de docentes, auxiliares y estudiantes.
No es casual entonces que en cada rincón de la patria haya una escuela. Desde Ushuaia, en Tierra del Fuego, hasta El Angosto, en Jujuy. Tampoco es casual que actualmente la Universidad de Buenos Aires se encuentre entre las 1000 mejores del mundo junto a la de La Plata y a la de Córdoba. Y no caben dudas de que una de las políticas para combatir la pobreza desde el Estado es que se sigan creando escuelas y universidades.
Esto es algo que muchos de los funcionarios actuales no entienden debido a su pensamiento mercantilista. Ellos no saben que para los argentinos de a pie hay derechos que no se negocian. El derecho a la educación es uno de ellos y no es una cualquier mercancía para vender.
UNA HISTORIA VERDADERA
Una de las tantas razones para que estos funcionarios no entiendan la cuestión de la educación es porque como docentes nunca vivieron en carne propia una historia real y verdadera como la que sucedió unos días atrás en un instituto de nivel terciario de Campana.
La cosa fue así: Era una mesa de examen de la catedra Perspectiva Sociopolítica. Después de las formalidades, una alumna comenzó a hablar sobre el tema que había escogido para exponer. Era el más difícil. Había elegido hablar de un texto de dos sociólogos franceses. Todo empezó bien desde lo teórico. Pero de pronto, la alumna, comenzó a bajar lo aprendido a su historia de vida real.
Entonces comenzó a contar que su padre, que aún vive en una villa miseria de Rosario, no sabe leer ni escribir. También contó que su madre aprendió a escribir y a leer de forma autodidacta en las revistas de moda de su época. Gracias a ello, y a duras penas, comenzó a enseñarles a sus pequeños hijos lo mismo que esa madre aprendió en esas letras impresas.
Pasó mucho tiempo desde aquellos días, pero hoy, en pleno siglo XXI, esa alumna de casi 40 años de edad es la primera de su familia en acceder a un estudio superior. Ella lo logró gracias a la educación pública libre y gratuita. Su deseo es ser maestra de inicial, porque piensa que la base de la educación empieza desde cuando somos muy chiquitas o chiquitos.
Mientras ella estudia su compañero se queda con sus hijos. Los cuida y cocina hasta que ella vuelve del instituto. Lo hace orgulloso por sentir que quieren ser una familia libre.
Al finalizar el examen, muy conmovida, ella dijo que su mayor preocupación es poder llevar a sus hijos a un museo, a un cine, a un teatro o a conocer toda la Argentina. Explicó que su único sueño es que sus hijos tengan los mismos derechos que los demás y que no sufran lo que ella sufrió y lo que sufrieron sus padres. Fue un examen feliz y afectuoso. La alumna se calificó con una muy buena nota. No sólo porque aprendió, sino porque también supo comprender parte de su propia realidad de vida.
Esta es una historia verdadera conmovedora y que vale mucho más que 1000 aumentos de sueldo. Todo esto sucedió en una institución de educación pública adonde también llegan las olvidadas y olvidados de nuestra tierra. Cosa que muchas y muchos funcionarios políticos desconocen porque desconocen que la educación te ayuda a salir de la pobreza y también te ayuda a ser libre.
Cristóbal Maro / Lic. en Sociología



