Pensar en cómo ingresar en la obra de Kafka (en su densidad por momentos agobiante) sin establecer relaciones con su vida es, a pesar de las prescripciones de algunas teorías literarias, algo insensato. Lo dice el propio Kafka y lo refiere asimismo el doctor, profesor y crítico Rodolfo Modern en su libro "Franz Kafka, una búsqueda sin salida": "Ni la escritura es para él asunto de los domingos, ni los domingos son asuntos para la literatura. Toda su existencia está apostada al acto de escribir, sólo así le es lícito vivir. Lo dice él mismo hasta el cansancio, porque ésa es una de sus escasas certidumbres absolutas…". Toda su obra entonces, incluidos sus Diarios y Cartas se constituyen como piezas de un complejo entramado autobiográfico.
Será la Doctora en Letras Nora Catelli la que en su libro "En la era de la intimidad. El espacio autobiográfico" quien reflexiona precisamente sobre los géneros "Cartas", "Diarios personales, íntimos" y "Autobiografías" como formatos discursivos considerados "menores" durante años. En ellos se pone en escena o bien se hace una representación poniendo en términos propios del relato ciertos hechos y aspectos de la vida de alguien, inclusive lo que se considera propio de su espacio íntimo o privado y, a pesar de lo subjetivo de la voz narradora que coloca en el centro de su relato el "Yo" de un determinado sujeto, de sí mismo en la figura de un personaje, con lo cual la veracidad de lo que se dice es acotada o limitada a múltiples factores, estas textualidades instalan la certeza y las pruebas de haber vivido de ese "Yo". En tal sentido, cada uno de estos géneros lejos de ser "menores" sirven por lo general a sus autores, y entre ellos a Kafka que lee obsesivamente cartas, diarios personales, conversaciones y memorias de Lord Byron, Fiodor Dostoievsky, Goethe, su admirado Flaubert, Paul Gauguin, van Gogh, Gogol, von Kleist, Tolstoi y muchos más (Catelli investiga y describe una biblioteca de Kafka plagada de este tipo de libros).
Kafka encuentra en estos géneros un refugio, pero también un sitio donde experimentar el proceso que luego será analítico de la propia escritura, el espacio de escritura que compensa los períodos de esterilidad creadora de otra narrativa (cuentos, novelas), un laboratorio en el que quedan registradas sus percepciones acerca del mundo, a los fines de construir imágenes de él, testimoniar una época, construir el propio estilo, etcétera. Kafka es, asimismo, un prolífico escritor de cartas y entre ellas las publicadas y reconocidas "Cartas a Milena".
MILENA Y MARGARETE
Esas Cartas nos llevaron a una profunda biografía, "Milena" de Margarete Buber-Neumann, en cuyo capítulo "Franz Kafka y Milena" se narra la conflictiva relación sentimental que ellos sostuvieron desde 1920 a 1922, hasta que Kafka le pide interrumpir la fluida correspondencia que intercambiaban, así como también evitar el verse personalmente, lo que provoca en Milena tal estado de perturbación y angustia que escribe atravesada por ese dolor casi indescriptible al amigo de Franz, Max Brod, en varias oportunidades.
El hecho es que investigando a Kafka (1883-1924) por fuera de las biografías tradicionales él mismo nos llevó a Milena Jesenská, cuya biografía escrita por su amiga Margarete Buber-Neumann nos llevó a dos biografías más y una historia de amistad entre estas dos mujeres tan vitales y aleccionadoras como intensas y potentes.
Margarete Buber Neuman (1901-1989), la autora de "Milena", editado por Tusquets el año pasado, nació en Postdam y desde muy joven había sido activista en organizaciones juveniles socialistas, uniéndose después de la Primera Guerra Mundial al Partido Comunista alemán (KPD). En 1922 se casó con Rafael Buber, hijo del reconocido filósofo Martin Buber, con quien tuvo dos hijas, pero ese matrimonio fracasó y después de 1929 se casó con el principal teórico y líder de la lucha armada del KPD, Heinz Neumann.
En 1933, frente a la llegada al poder del nazismo, se exilian en la Unión Soviética, pero en 1937 Neumann fue acusado de trotskista y fue condenado a muerte, fusilado en noviembre de ese año sin posibilidades de apelación, ni de un último encuentro con Margarete, que tardaría muchos años en saber lo sucedido. Por considerársela a ella también una "Enemiga del Pueblo" fue condenada a 5 años de trabajos forzados en un gulag o campo de trabajo correccional en Siberia. Sobrevive milagrosamente a las condiciones más terribles y en 1940, debido al Pacto Ribbentrop-Mólotov, celebrado entre Hitler y Stalin, es entregada a la Gestapo que la destina al "lager" o campo de concentración de Ravensbrück.
Allí conoce y traba una amistad sólida con otra prisionera Milena Jasenská, traductora, periodista, también activista política y "amante" epistolar de Franz Kafka durante los años 1920-1922, en que él se agrava seriamente de su tuberculosis para finalmente morir en 1924 internado en el sanatorio Dr. Hoffmann de Kierling.
Milena (1896-1944), de origen checo procedía de una familia burguesa acomodada. Su madre, a quien cuidaba desde niña muere tempranamente y queda al cuidado de su padre Jan Jesensky, un odontólogo petulante, despótico y colérico que le pegaba con frecuencia. La difícil relación ente Milena y su padre hizo que algunos críticos, inclusive su biógrafa Margarete no dejaran pasar por alto la analogía entre esta conflictiva relación con la que mantenía Franz Kafka con su padre Hermann, tratada inclusive por ellos mismos en alguna de sus cartas.
En los años en que ella ya vive en Viena con su primer marido Ernst Pollack, y en tanto el fracaso matrimonial se va haciendo cada vez más evidente, la tienta traducir la obra de Kafka al checo. Envía su primer trabajo a la editorial y recibe una carta con algunas críticas del propio autor, lo que determinará un primer encuentro entre ellos y el inicio de una relación amorosa atravesada también por el dolor, los distanciamientos y el fracaso.
La lectura de "Milena" es mucho más que la lectura de su rebeldía adolescente, sus relaciones amorosas, sus caídas en la drogadependencia, su militancia política, su labor periodística o su amistad con Margarete en Ravensbrück, a quien le encarga que escriba el libro en que se refleje la vida en los campos de concentración. Es una lectura de género, del siglo que pasó -que como bien caracterizó el historiador inglés Eric Hobsbawm fue uno de los más violentos de la historia-, y de todo lo que aún debemos ponernos a pensar para proyectarnos en este siglo que estamos transitando.
Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego - marisamansilla2000@yahoo.com.ar



