Minner, a secas, habla sobre el camino que lo llevó de ser parte de la barrabrava de Villa Dalmine en los 80`s a escribir poesía gótica en la actualidad: "El arte muchas veces cura más que el hospital", afirma.
No hace mucho que llovió y las gotas condensadas se suspenden en las ramas desnudas de los árboles, luchando contra la gravedad para no caer. Antes de empezar la entrevista, Minner (47) me pide que lo acompañe a una despensa. El cielo está totalmente nublado, es una enorme gama de grises…
ENTRE BALLENAS Y PRESIDENTES
El multifacético artista tiene entrecruces con la realidad que son dignos de mención. En el 99` hizo un recital con afiches que esgrimían: "Huelga general hasta que renuncie el presidente", reuniendo fondos para un disco que se terminaría por editar recién en el 2001. En diciembre de ese año el presidente de la Alianza, Fernando de la Rúa, se escapaba en helicóptero desde la terraza de Casa Rosada dejando un país fundido y en Estado de Sitio.
Algo todavía más surrealista pasó en noviembre del 2000, cuando "Nekro" ("Fun People", "Boom Boom Kid") le editó a Minner "Música para Ballenas", que según él, es el primer disco de monólogos en la Argentina.
Una semana después de la presentación del disco en "Cemento" (mítica sala de recitales manejada por el que después sería el dueño del tristemente célebre Cromañón, Omar Chabán) apareció encallada una ballena en las orillas de nuestra ciudad. ¿Coincidencias? Minner cree que no: "Cuando pasás mucho tiempo escribiendo, llegás a tener un grado de videncia. La obra que tiene peso, la que pesa toneladas, tiene que tener esoterismo".
Las paredes de su casa están todas intervenidas. Dibujos propios, collages, consignas. Es en la mesa de la cocina donde hacemos la nota. Allí es donde Minner trabaja su poesía. Hay decenas de escritos desparramados sobre la mesa, otros tantos en el piso. Los que están sobre la mesa valen, los que están en el piso, no.
Me sorprende que en toda la casa no haya un solo libro. "Leo todo tipo de cosas, hasta recojo pedazos de diarios tirados en la calle y los leo. He leído tantos libros como el tamaño de la habitación, pero no tengo ninguno porque mis amigos no me los devolvieron", dice sin inmutarse, y cita: "Los cortadores de cabeza de Nueva Guinea, Chamanería mexicana, Las antiguas tablillas Rapa Nui… de ahí sale mi poesía".
LA SOLEDAD DEL QUE ESCRIBE
Sin trabajo fijo y apostando todo a la obra, muchas veces las cosas pueden ponerse cuesta arriba: "La vida jugando mango a mango es terrible. Pero por otro lado te mantiene activo. Tengo que hacer eventos, inventar historias para pagar las cuentas. Yo le llamo a mi trabajo la ciencia de las soluciones imaginarias. Lo único que me interesa es poder pagar todo para poder descansar y escribir. Pero antes que eso tengo que estar solo: sin mujer, sin hijos y sin saber qué va a pasar mañana".
Por eso no es casualidad que el tópico central de su última obra, "Esperando que tu ventana se ponga roja", aluda a los momentos de soledad más crudos, donde esperaba que la vecina de enfrente llegara a su casa y prendiera la luz de la habitación para sentirse acompañado. La soledad es su maldición: una necesidad, pero también un sufrimiento. "Una persona que está concentrada en su obra pasa una soledad terrible. No puede estar con mucha gente, tiene que pasar hambre y frío. No tengo calefacción en la casa, pero no paso frío porque tengo el calor de mi cuerpo", explica.
La inspiración para escribir no viene sola, análogo a un ritual, hay ciertas pautas y normas que Minner debe cumplir antes de ponerse a trabajar: "Soy muy filoso escribiendo después de despertarme. No puedo tomar alcohol ni comer, tengo que estar lúcido. A veces son las 7 u 8 de la noche, todavía no comí y me quiero matar. Pero si como, se me va la inspiración. Trabajo en ayunas".
Afirma que escribe desde hace unos 25 años, pero que sus primeras palabras afloraron recién hace 2 o 3: "No terminé la secundaria, fui siempre un autodidacta. Agarré por el camino difícil, pero ese es el camino que lleva a algo parecido a la verdad. Lo original abre grietas en el tiempo imposibles de cerrar", define.
EL ARTE CURA
"Venimos al mundo a conocer la máquina, el cuerpo. Ese es nuestro trabajo. El arte muchas veces cura más que el hospital. Yo les diría a los chicos que se acerquen a esto por eso. No para ganar minas ni millones, si no para curarse y poder curar". Minner habla desde su experiencia. Su tránsito hasta llegar a descubrirse como poeta fue también una historia de curación personal: "Mi viejo nunca me dio un abrazo. Era gaucho, cuchillero de campo. El chabón estuvo en 13 duelos, allá en Entre Ríos. Él nunca me lo dijo, lo supe de mi vieja".
Su padre murió en el 2005, y desde ese momento vive solo: "Vengo de padre tanguero, cuando lo abandonó mi madre nunca más tuvo mujer. Vivió el resto de su vida ahogando las penas. Lo mató el tetrabrik".
No saber lo que es un abrazo no es la única piedra en el camino que tuvo que sortear. Sin terminar la secundaria, pasó diez años de su vida siguiendo a Villa Dálmine a todos los rincones de la Metropolitana, tal vez buscando emular la valentía que había demostrado su padre en los duelos de campo: "Yo gritaba más que nadie en la tribuna. No sabía que quería ser cantante".
Fue el último recital que dio "Sumo" en Campana lo que cambió su destino, tres meses antes de que muriera su cantante, Luca Prodan, a causa de su adicción a la ginebra. El impacto que le generó ver al frontman en el escenario hizo que comience a interesarse en la poesía: "Tu existencia comienza cuando empezás a leer", sentencia.
Su vínculo con la música terminó de materializarse en el ‘92, año en el que formó su primera banda: "Estaba en un bar viendo a Mariano Tello y me encantaba la música que hacía. Le tiraba desde una mesa colillas de cigarrillos, hasta que en un momento vino a encararme. Ahí le dije que quería estar en un grupo y empezamos a tocar". Hoy está al frente de la banda "Posarefusilos", donde es el cantautor.
Su relación con la música parece ser un nexo en el conocimiento del cuerpo: Minner afirma que una noche se despertó teniendo un ataque cardíaco y sin posibilidades de conseguir auxilio. Sin muchas opciones, puso un álbum de "Depeche Mode" y comenzó a bailar. "Uno tiene que conocer su máquina para que en los momentos extremos te de la respuesta", dice y reflexiona: "Somos la ciudad con más suicidios de la provincia. Quienes más se suicidan son los pibitos, que no llegaron a conocerse a sí mismos. La conciencia es más importante que el dinero. El capitalismo es la muerte".
“Tu existencia comienza cuando empezás a leer", sentencia el ex barra de Villa Dalmine.



