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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 05/ago/2018 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Nos sentimos culpables, ante el crimen exigimos un castigo
Por Mara Pedrazzoli






Mara Pedrazzoli. Foto: Facebook

De "El escándalo más difícil de derrumbar", diario La Nación jueves 2 de agosto, a "Quemé los cuadernos en la parrilla del fondo de mi casa", diario La Nación sábado 4 de agosto.

Carlos Pagni tituló su editorial del jueves 2 con la primer cita, que a la luz de los episodios que se sucedieron parece más bien una expresión de deseo. Que este sí sea el escándalo más difícil de derrumbar, que este sí sea el escándalo más difícil de derrumbar, que este sí sea el escándalo más difícil de derrumbar, imagino repetir a Pagni, comprometido con que las redes de corrupción que "los" han hecho enriquecerse tanto, finalmente acaben.

Lo llamó "escándalo" y no "caso" o "denuncia". Escándalo: un episodio que genera asombro en la opinión pública, también distracción, un show. En nuestro país los casos de corrupción no maman tanto de la indignación como de una sed de veganza de buena parte de la sociedad que cotidianamete padece los abusos del poder.

Pero no puede ser de otro modo, en una sociedad injusta y capitalista como la que vivimos, los hombres de poder se ensucian inexorablemente las manos. Esa es una verdad demasiado opaca para la conciencia del buen vecino, que siente culpa cuando el sistema lo avasalla y ve en este juego de Nash entre poderosos una posible redensión.

Sobre esa ilusión de las clases medias se encolumna buena parte de este juego, y el argumento de Pagni: "El contrabando de armas a Croacia y Ecuador comenzó a desbaratarse cuando Emir Yoma se negó a pagar las expensas a la mujer de su contador, que estaba preso. El Mani Pulite se desencadenó porque el dueño de una lavandería suburbana de Milán no aceptó que un puntero socialista le aumentara el monto de un soborno. Y para el derrumbe de Odebrecht alcanzó con que una secretaria de tercera línea identificara con su nombre la generación de un pecaminoso archivo de Excel. Extras de un film que, como la señora de Centeno, se convirtieron en parteros de la historia".

Pagni llena de incredulidad los acontecimientos: ningún hijo de buen vecino es capaz de torcer la Historia sin un grupo de multimedia poderoso como La Nación que quiera instalar su preocupación como tema de debate público. Un contra-ejemplo cercano fue la escasa notoriedad que los medios otorgaron a la muerte de dos compañeras docentes en Moreno la misma semana que salió a luz el caso de los cuadernos.

Es que la negligencia política que opera en el tratamiento de las problemáticas de los más humildes es un asunto que buena parte de la sociedad prefiere no debatir y mantener su indeferencia.

Lo que asombra a la sociedad del caso de los cuadernos no es la corrupción en sí sino la morbosa/culposa posibilidad de deshilvanar la trama, y que se juzguen como a cualquier hijo de buen vecino a quienes hoy gozan o han gozado históricamente -me refiero al caso de los empresarios- de mayores privilegios. En ese acto la sociedad se redime, se venga y se redime al mismo tiempo.

Pero al otro día, por la mañana, el mundo sigue igual y perfectamente injusto para quienes no detentamos poder alguno. Porque es inconducente señalar "un" culpable: la corrupción no acaba con Julio De Vido como afirman Elisa Carrió y Jorge Lanata. Este último, emocionado por los eventos recientes escribía en Clarín el 4 de agosto: "Quiero que mis hijas crezcan en un país en donde vayan presos los que tienen que ir presos y donde devuelvan lo que se robaron", y yo no supe si también se refería a que vayan presos los gendarmenes que bajo abuso de poder asesinaron a sangre fría a Santiago Maldonado. Pero no, Lanata al respecto considera que aún no hay pruebas.

Los grandes medios de comunicación masiva, los políticos que dañan a la política como Carrió, los periodistas que han enloquecido como Lanata se nutren, crecen, con esa culpa cotidiana que introyectamos al vivir en un sistema injusto por naturaleza como es el capitalismo. Con este sistema perdimos muchas cosas, perdimos por ejemplo nuestra soberanía individual y debemos también perder los sueños.

"Cuando sueña Alicia (…) / en el centro del ring / Capital y Trabajo empatan", escribió un poeta amigo.


 
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