Una estadística provincial revela que creció el número de personas privadas de su libertad que acceden a estudiar dentro de los penales. El fenómeno se replica en el Complejo Carcelario de nuestra ciudad donde, además, luego de casi 20 años es la primera vez que hay lista de espera para el secundario.
El dato oficial se difundió meses atrás: la cantidad de internos en el sistema carcelario bonaerense que estudian este año aumentó un 5,80% respecto al anterior. La mayoría lo hace para finalizar el secundario. Le siguen de muy cerca los de nivel primario; luego los universitarios; y finalmente los de nivel terciario. Son casi 15 mil personas. De ese universo, el complejo carcelario de Campana aporta 250 inscriptos en el nivel secundario (con otros 160 en espera) y 140 en el primario.
En Campana, la primaria comenzó a funcionar a fines de 1999, y al otro año la secundaria. Con casi 20 años de experiencia acumulada, Cynthia Evers, Delegada de Educación, Cultura y Deporte del lugar, arriesga un diagnóstico: "El perfil de la población cambió. Antes, teníamos más internos adultos, incluso analfabetos, que intentaban finalizar la primaria. Ahora, tenemos más jóvenes mayores que ya vienen al menos con la primaria y buscan completar el secundario. Pero también vienen con otros problemas como adicciones o falencias en las normas de conducta en el aula que hay que trabajar".
A su vez, tanto la Unidad 21 como la 41 tienen su propio perfil de estudiante. En la 21 hay una mayor demanda por el primer ciclo (analfabetos o semi). "Ese fenómeno responde a que la mayoría de los alojados en la 41 son penados. Es decir, llevan tiempo dentro del servicio penitenciario y ya pasaron por la primaria. Es decir, como saben que tienen que cumplir una condena, buscan ocupar el tiempo y a su vez hacer algo útil continuando con sus estudios. En cambio el de la 41, el interno procesado, que no tiene condena, está más a la expectativa de poder irse. Nosotros intentamos incentivar a todo el mundo a que vaya a la escuela. Lo primero que buscamos es la reinserción social. Hay dos llaves para que eso suceda: la contención familiar y la educación. En cambio, el procesado, como no sabe cuánto va a estar, por ahí no se preocupa tanto por estudiar. Nos cuesta más llegarle y convencerlo para que aproveche su tiempo en el penal", detalla el Inspector Mayor Juan José Lovera, Jefe del Complejo Penitenciario Campana desde abril.
El de Campana es uno de los pocos complejos de la provincia en las que todos los detenidos que quieran estudiar, pueden hacerlo. La capacidad de las aulas no es ilimitada. Pero como no existe el receso estival, y como los diferentes regímenes de los internos no garantiza la asistencia permanente, se pone atención en facilitar la rotación de estudiantes y el desdoblamiento de los horarios, de manera tal que el cupo sea mayor a la cantidad de vacantes físicas disponibles. Aun así, este es el primer año que en Campana hay lista de espera: muchos egresados de la misma población, o población nueva que ya tiene la primaria completada, adhiere al beneficio de cursar el secundario.
El crecimiento de alumnos en Campana, también se condice con la superpoblación del lugar: la Unidad 21 fue diseñada para alojar a 700 personas, y hoy alberga prácticamente al doble. Y algo similar sucede con la 41: diseñada para 480, contiene a unos 850 reclusos. En ese sentido, el jefe Lovera comenta: "Hay que tener en cuenta que hace unos 10 años que en la provincia no se construye una cárcel, a lo que se suma un crecimiento de la población de detenidos que tuvo un salto particularmente abrupto durante el 2017".
Otra de las razones que explican el crecimiento de la matrícula tiene que ver a la puesta en marcha este año del Nuevo Diseño Curricular para Adultos, diseñado en 2017, que está estructurado en torno a diferentes ejes, tales como el reconocimiento de saberes previos, el ingreso en cualquier momento del año, una estructura modular que garantiza la movilidad, trayectorias flexibles, entre otros.
"Quieras o no, acá adentro, es el reflejo de la sociedad. Afuera tenés gente que quiere estudiar, quiere superarse a pesar de las adversidades. Y también hay gente que tiene todo a disposición y no le interesa estudiar, ni trabajar. Acá adentro es lo mismo. Y a nosotros no nos interesa si quieren estudiar porque quieren el beneficio o porque simplemente quieren salir del pabellón un rato. Lo importante es cautivar al detenido y que se quede dentro del sistema escolar, que la propuesta les entre y que, incluso de manera indirecta, despierte la inquietud del que se queda en el pabellón. El mérito también es del personal docente: acá las maestras dejan el corazón", señala Cynthia Evers.
"La motivación también es importante. El que estudia tiene un régimen de visitas mejor. También puede obtener una quita en la condena: un mes por año cursado, dos meses por nivel terminado", agrega el Inspector Mayor Javier Díaz, Secretario de Coordinación del complejo, y explica que también es fundamental tener una "cárcel tranquila", en la que no haya conflictos. De hecho, según los entrevistados, Campana tiene fama de ser bien administrada y a la hora de poder elegir es un destino solicitado por los detenidos.
"Porque todas las actividades que se le proponen al interno, que pueden pasar por estudiar, o participar en un equipo de rugby como pasa acá, o aprender un oficio, le suman a nivel personal. Y a nosotros nos ‘plancha’ la cárcel: está más tranquila. Entonces, el beneficio es mutuo. Gracias a Dios la parte de asistencia y tratamiento está cambiando. Eso va haciendo que los internos se sientan más tranquilos, que estén bien, que tengan ganas de estudiar. Pero no es un hecho puntual de Campana. La matrícula creció en todo el servicio y eso tiene que ver con un esfuerzo mancomunado de parte de todo el Servicio Penitenciario de poder buscarle la vuelta".
“EL MÉRITO TAMBIÉN ES DEL PERSONAL DOCENTE: ACÁ LAS MAESTRAS DEJAN EL CORAZÓN", SEÑALA CYNTHIA EVERS, DELEGADA DE EDUCACION, CULTURA Y DEPORTE.
“EL BENEFICIO ES MUTUO", DICE JUAN JOSÉ LOVERA, EN LA FOTO JUNTO A JAVIER DÍAZ.



