Una escena de lectura en el crepúsculo de una tarde sofocante en la que los buitres estaban pendientes de la humilde casa de adobe y las plantaciones de frutales abre la trama de la novela "Fruta Podrida" de la joven y talentosa escritora chilena, radicada en EEUU, Lina Meruane.
La lectora es una mujer embarazada, María del Campo, que pareciera algo descuidada en su aspecto y no está leyendo por placer, está en la intimidad de su casa, y se empeña en su lectura al ritmo de un tic que ella provoca señalando o tildando con su lápiz algo del texto. Ficha o registra de alguna manera lo que lee, pero el goteo de una canilla la perturba:
"Ya la cosecha estaba siendo despachada. Ya los zorzales espantados, y los guarenes. Ya los gusanos exterminados, las hormigas aturdidas. La mosca de la fruta era todavía una amenaza incierta y aún no empezaban a rechinar los grillos de la noche; no se habían encendido las hélices de las luciérnagas. Pero entonces, qué podía ser ese claveteo, ese golpeteo cortando el silencio en dos, rebanando el tiempo: tlic.
Era agua, una gotera dejándose caer en la cocina. Y la mujer hizo un tic en la página de su libro, y tlic, trazó una diagonal tras otra, en el margen, tlic, la gota y otra raya negra junto a las palabras, tlic, rayas delgadas sobre el papel, tic, alargadas ; tic, tlic.
Y la voz áspera se alzó por sobre la gotera, se hundió en el aire como una cuchara, dijo Zoila. Carraspeó, tragó saliva y otra vez: ¡Zoila! Esperó unos segundos: tlic. El segundero de agua marcaba una ausencia en la cocina. Y después, nada. Que no tenga que levantarme a cerrar la llave, pensó, pero iba a tener que levantarse: la gota seguía imprimiendo su caída en la quietud del adobe. Cerró el manual de pesticidas con el lápiz dentro: Zoila. Se levantó de una zancada repitiendo su nombre. De vuelta, un eco a cuentagotas. Ahora me vas a oír, se dijo en silencio, sin susurrar ni una sola sílaba."
Ese "Ya…Ya…Ya…" que se repite y suena como un chasquido en el habla del español chileno, esos "tic… tlic…" que también se repiten llenan de sonoridad y control que cede paso a la perturbación en el silencio de la escena de lectura. Y María "…las mechas", "esos pelos desteñidos y secos (que) se levantaban…" "esa misma mano que tanteaba cuanto había crecido la panza…" comprueba que su hermanita Zoila, una adolescente de 14 años ha sufrido un coma diabético y está tirada en el piso de la cocina en medio de un charco de agua ; a ella, le da la impresión de estar viendo a un bicho fumigado.
El Director Médico del Hospital le explica las características de la enfermedad y ella imagina el cuerpo de su hermana menor como una sofisticada planta procesadora donde todo ha comenzado a colapsar. Pero el Director Médico le habla de los avances de la Medicina y de las Tecnologías de la Salud que frenan la mortalidad y la embarca en la posibilidad de que Zoila quizás pueda someterse a un futuro aunque improbable trasplante de páncreas.
María se empeñará en conseguir los recursos económicos que permitirán que se lleve a cabo ese trasplante haciendo tratos con el Médico, del que las obreras temporeras de la planta decían que estaba implicado en el comercio de bebés, y llega a exponer su cuerpo en sucesivos embarazos, haciendo de la maternidad un negocio para que su hermana vaya a EEUU al Hospital donde se efectuaban esos trasplantes. Pero Zoila elige un suicidio lento..."se resistía a ser parte de esa cadena en que participan las frutas del campo y también los frutos… los frutos del propio cuerpo de la hermana". María, por su parte, recorre con su mirada una grieta que se ha abierto en el techo de su casa, también se ha abierto una grieta en su vida. Se han aprovechado miserablemente de ella en su trabajo y decidió vengarse: envenena toda una partida de frutas, lo que genera un "Embargo General de las partidas de frutas", severísimas consecuencias para ella que descalabran a la vez a la empresa y afectan al gobierno de su país.
Las voces de una y otra hermana se van alternando a lo largo de la novela, precedidas por los segmentos poéticos discontinuados del Cuaderno de Descomposición que escribe Zoila hasta que la voz de una enfermera del Hospital norteamericano cierra con un intenso monólogo interior la obra.
La lectora crítica María Teresa Flego eligió para el Café Literario 2017 comentar esta novela y expresó: "La autora profundiza y desenmascara los intereses que existen detrás de la algunas instituciones y prácticas médicas, llegando al extremo de mantener a seres humanos que se encuentran en situaciones irreversibles, conectados a una aparatología que los mantiene vivos con el sólo motivo de lucrar económicamente con la excusa de una posible salvación.
En un reportaje realizado tras la publicación de su novela Lina Meruane, también paciente de diabetes, reflexionó sobre la medicina actual. Dijo: "Se está dejando de pensar el cuerpo como un sistema dinámico y complejo, se está tecnificando como si el cuerpo no fuera un todo, como si fuera una mera máquina llena de teclas y de números".
"Fruta Podrida" nos devela lo bestial e inhumano que puede ser el sistema político, económico y social donde se antepone la consecución de ganancias a lo humano, y que altera la vida, la salud y el placer, convirtiéndolo a un proceso de muerte, enfermedad y displacer".
Cada página de "Fruta Podrida", así como toda la novela en su conjunto, son algo así como clases magistrales de escritura narrativa literaria que Lina Meruane le ofrece al lector por lo que se hace casi imprescindible su lectura.
Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar
“Se está dejando de pensar el cuerpo como un sistema dinámico y complejo, se está tecnificando como si el cuerpo no fuera un todo, como si fuera una mera máquina llena de teclas y de números", dijo Lina Meruane.



