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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 05/sep/2018 de La Auténtica Defensa.

Te hago el cuento
Las chicas de Julio Cortázar y el matrimonio
Por Marisa Mansilla






Marisa Mansilla

Los escritores y escritoras que desfilaron por esta columna representan una pequeña muestra de un variado y amplio espectro de lo que por años se dio en llamar "literatura universal" pero que hoy, más apropiadamente y sin salir de una clasificación que utiliza como criterio su lugar de producción y/o representación, u origen de quienes la escribieron y escriben, podríamos considerar latinoamericana, argentina o europea y ampliando el marco, pertenecientes a las diversas culturas de Occidente. De las diferentes versiones de "Caperucita Roja" a las novelas y cuentos de la chilena Lina Meruane pasando por el "Edipo Rey" de Sófocles, las mujeres en la narrativa de Jorge Luis Borges, Shakespeare, Leonardo Padura, las apasionadas cartas que Franz Kafka escribió a Milena Jesenská citadas en la biografía que de ella escribe Margarete Buber-Neuman y de allí a "El proceso" del escritor checo y los personajes de niñas algo terribles de Silvina Ocampo, Liliana Heker, Mariana Enríquez y Samanta Shweblin hay un arco polifacético y sugestivo y también una pregunta ¿qué pasó que nos olvidamos de nuestro "querido Julio"?

Y hablar del "querido Julio" es sin lugar a dudas hablar de Julio Cortázar, del conjunto global de su obra pero en esta columna en especial de los cuentos del juvenil e inquietante libro "Bestiario" del que él mismo dijo en un reportaje que le hizo Luis Harss en "Los nuestros" que estuvo en una época tan perturbado que sentía pavor de que le sirvieran algún insecto mezclado con la comida por lo que decidió la escritura de esos cuentos como forma de expulsar y desprenderse de esa obsesión que lo dominaba.

Los personajes femeninos de clase media de Cortázar en esos cuentos revelan junto a la fachada de encanto, liviandad y frivolidad no exentas de sensualidad y seducción – sólo en apariencia cándidas-, un costado oscuro, algo insondable y reprimido que incluye cierta perversidad y que en algún momento crítico o límite de sus vidas sale a la luz y se revela fracturando un determinado orden que se pensaba como "normal" para las mujeres jóvenes de su clase. El mismo Cortázar en un relato gracioso de "Historias de cronopios y de famas" dice que las pequeñas historias con sus personajes sólo tienden "a ilustrar lo precario de la estabilidad dentro de la cual creemos existir, o sea que las leyes podrían ceder terreno a las excepciones, azares o improbabilidades, y ahí te quiero ver". Ese momento crítico y bisagra en la vida de las jovencitas de los años 1960 y que hasta esos años prácticamente dividía sus vidas en dos era el matrimonio: toda una primera etapa de niñez seguida de una adolescencia de formación y lógica dependencia de la familia parental para prepararse para una segunda etapa en que será esposa y madre, ya habiendo conformado su propia familia y modificando su relación de dependencia, del padre al marido.

Alina Reyes, la protagonista de "Lejana" y Delia Mañara, de "Circe" ilustran esta categoría de personajes.

Alina Reyes escribe en un Diario personal, íntimo, algo que al principio no logra definir con exactitud, pero que sin dudar le está pasando y la inquieta. No sabe bien qué es, pero le impide conciliar el sueño aunque la larga noche de fiesta regada con abundante champagne rosado a la que asistió con su madre y su hermana podrían haberla dejado exhausta como a ellas, que se duermen prácticamente antes de llegar a la almohada. Algo y alguien, una mujer que no es ella, que no es "Alina Reyes, la reina" como en los juegos que ella inventa con las palabras, pero que sin embargo es también Alina Reyes, probablemente una mendiga, la ocupa, la coopta, la traslada de su mundo frívolo y superficial a otro donde la nieve le entra por los zapatos y le hiela los pies. En ese mundo no tiene que servirle el té a las visitas que recibe su madre, ni la mira embobado "con cara de perrito" su novio Luis María mientras ella toca y se equivoca en el piano: "Que sufra. Le doy un beso a la señora de Regules, el té al chico de los Rivas, y me reservo para resistir por dentro. Me digo: "Ahora estoy cruzando un puente helado, ahora la nieve me entra por los zapatos rotos". No es que sienta nada. Sé solamente que es así, que en algún lado cruzo un puente en el instante mismo (pero no sé si es en el instante mismo) en que el chico de los Rivas me acepta el té y pone su mejor cara de tarado. Y aguanto bien porque estoy sola entre esas gentes sin sentido, y no me desespera tanto."

Su Diario progresa y también su historia, ahora aparece un hombre en sus sueños, Rod u otro nombre parecido, que lejos de la amabilidad de Luis María le pega y ella cree que igualmente lo ama. Entonces toma la decisión radical que dividirá en dos su vida, le pide a Luis María que se casen y se vayan de luna de miel a Budapest "… ¡Qué luna de miel!". En los registros de su Diario correspondientes al 30 y al 31 de enero escribe: "Pobre Luis María, qué idiota casarse conmigo. No sabe lo que se echa encima. O debajo, como dice Nora que posa de emancipada intelectual. Iremos allá. Estuvo tan de acuerdo que casi grito. Sentí miedo, me pareció que él entra demasiado fácilmente en este juego. Y no sabe nada, es como el peoncito de dama que remata la partida sin sospecharlo. Peoncito Luis María, al lado de su reina. De la reina y –". Alina y su esposo ya están en Budapest y ella ha salido sola a recorrer la ciudad y ver el deshielo, una mendiga la está esperando en el puente sobre el Danubio, con ella se fundirá por fin en un abrazo gozoso pero a la vez lacerante como "un crecer de felicidad igual a un himno, a un soltarse de palomas, al río cantando".

En "Circe" el personaje de Delia Mañara (cuyo apellido suena como Maraña, Araña, Mañana y se confunde con las connotaciones que despliegan también estas palabras)es el que se relaciona de una manera muy peculiar con sus novios, los anteriores a Mario que trágicamente habían fallecido : Héctor que se había suicidado y Rolo Médicis que sufrió un infarto al salir de la casa de la familia Mañara y al caer se fracturó el cráneo en el escalón de la puerta. Mario, algo menor a ella, rompe relaciones con su familia y vecinos por las habladurías que circulaban acerca de Delia y lo que se inicia como tímidos y recatados paseos en los que Mario advierte la fascinación que ella ejercía sobre los animales, se convertirá en noviazgo. La relación entre ellos y de ellos con los padres de Delia se hará más cercana e íntima y Delia comenzará a preparar licores y bombones con que agasajará a Mario pero que serán evitados o rechazados por sus padres. Su enamoramiento le impide ver esos y otros signos que podrían alarmarlo, a pesar de las advertencias de papá Mañara acerca de la personalidad de su hija; sus interpretaciones con respecto a "lo que preocupa a Delia" son benévolas. Sin embargo, y a pesar de que los preparativos para el casamiento y el ajuar de la novia van progresando, algo hizo que Mario mirara una noche a Delia encuadrada bajo la luz de la luna como si la viera por primera vez y descubriera en ella una Circe, en toda su locura y perversidad.

En el ordenamiento de la vida de las "gentes sin sentido", como dice la narradora de "Lejana", que considera al matrimonio como una bisagra, si bien éste facilita la apertura de la vida regida por la protección y rigidez opresiva paterna a otra aparentemente más liberadora, pronto se cae en la cuenta de que los personajes sólo se han despeñado hacia un nuevo orden quizás tan opresivo como el anterior y los únicos escapes verdaderos son hacia lo extraño o la enfermedad. Para las chicas de los cuentos de Cortázar el matrimonio es pesadillesco y ya veremos en la próxima columna que para los muchachos también.

Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar


Para las chicas de los cuentos de Cortázar el matrimonio es pesadillesco... y para sus muchachos también.

 
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