Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- Gracias a la propia tropa y al apoyo de otras bancadas -a pesar de la férrea oposición del radicalismo- el oficialismo en el Congreso le podrá dar una alegría al Gobierno: en los próximos días, o a lo sumo en las próximas semanas, quedará convertida en ley la autorización para que 613 militares argentinos viajen a Haití participando de una misión de paz de las Naciones Unidas.
Con más de un paso ya cumplido esta semana -el Senado le dio media sanción al proyecto girado por el Ejecutivo y las comisiones de Relaciones Exteriores y Defensa de Diputados firmaron un dictamen favorable- queda ahora el trámite en el recinto de la Cámara baja.
Los más optimistas señalan que todo podría quedar resuelto el miércoles próximo, si el PJ y sus aliados en este caso logran juntar la mayoría especial de dos tercios y habilitan el debate sobre tablas; los más escépticos, sin embargo, estiman que no será posible y aseguran que antes del 16 -fecha para la cual ya se habrán cumplido los 7 días hábiles necesarios luego de la firma del dictamen- será imposible sentarse a debatir el tema para darle sanción definitiva al proyecto.
Ante el pedido de una legisladora, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de Diputados, Jorge Argüello, inició una gestión tendiente a que el canciller Rafael Bielsa vaya la semana que viene a la Cámara a brindar explicaciones sobre la ¨necesidad¨ y ¨oportunidad¨ de la misión, como lo hizo esta semana en el Senado junto a José Pampuro, titular de Defensa, señaló a NA el propio legislador.
¨Sólo se trata de una gestión iniciada¨, aclararon en el Congreso, mientras que por el momento no hay una confirmación de que el canciller vaya a estar presente en el Parlamento.
Si tal como se espera llega la luz verde del Congreso -sólo se trata de una cuestión de fechas, ya que nadie tiene dudas de que la ley saldrá- y en pocas semanas más el contingente comienza su viaje hacia Haití, ¿qué ganará y qué perderá la Argentina con su participación en esta misión en uno de los territorios más pobres y castigados del planeta?.
Todo depende del cristal con que se mire: desde el oficialismo aseguran que se trata de una buena oportunidad para abroquelarse con los países de la región (especialmente los socios del Mercosur, como Brasil, que comandará las fuerzas) y de dar una respuesta favorable a un pedido de Naciones Unidas sin que sea necesario pagar demasiados costos políticos, teniendo en cuenta la delicada situación social, política e institucional de Haití.
Desde la oposición, mientras tanto, no cesan de disparar dardos envenenados, y hubo legisladores como Mario Losada, Federico Storani, Gerardo Morales y Jorge Rivas que desgranaron algunas de estas críticas, incluso en el recinto: sólo se está haciendo ¨seguidismo¨ de los Estados Unidos, se actúa como ¨furgón de cola¨ de Brasil, se le está ¨haciendo el juego a los intereses geopolíticos¨ del gobierno de George W. Bush, o bien se está ¨colaborando con un régimen golpista¨ impuesto en la isla caribeña por potencias como Francia y Estados Unidos.
¿Contribuirá algo, poco o mucho al mejoramiento de la situación que se vive en Haití el despliegue de una ¨misión multilateral de paz¨ como la diseñada por la ONU?.
Los ¨escuderos¨ que defienden con más fuerza la iniciativa
sostienen que ¨sin el auxilio de las Naciones Unidas no se va a poder impedir el regreso de la violencia y el caos¨ que hicieron eclosión en febrero pasado, antes de la caída de Jean Bertrand Aristide.
Pero a partir de ese punto, Argüello plantea una necesidad
compartida por otros legisladores y funcionarios: ¨con eso solo no alcanza; las Naciones Unidas deberían pensar en poner en marcha un modelo de desarrollo para Haití¨, por ejemplo para enfrentar los altos índices de pobreza y marginación que se registran en la isla.
En ese plano, el titular de la comisión de Relaciones
Exteriores de la Cámara Baja se entrevistó esta última semana con el canciller haitiano, Yvon Simeon, quien le delineó el plan a largo plazo que se sustenta, primero, en un eficaz ¨mantenimiento de la paz¨.
Ese calendario plantea un llamado a elecciones en noviembre del año que viene para que se pueda concretar el traspaso del mando a un gobierno democrático en febrero de 2006.
¿Será posible? En cuanto a la participación o no de militares de la Argentina, el proceso se dilató en el tiempo -hubo efectivos de otras naciones que ya viajaron a principios de este mes- porque el propio Gobierno tardó en responder al pedido de la ONU.
Lo cierto es que más allá de las críticas y chicanas de la oposición, esta fue una buena oportunidad para quedar bien ante los Estados Unidos y por eso, a pesar de las resistencias iniciales, el presidente Néstor Kirchner se decidió finalmente a mandar las tropas.
El debate sobre si será ¨peligroso¨ o no para los hombres de las Fuerzas Armadas que viajen a la isla sigue abierto. Desde la oposición aseguran que esta misión no es más que una ¨invasión¨.
Desde el oficialismo sostienen que en Haití ¨hay una situación de anarquía tal que no hay policía, ni Fuerzas Armadas, ni siquiera Estado¨.
A partir del próximo domingo se desarrollará en Quito, Ecuador, una nueva asamblea de la OEA (la Organización de Estados Americanos), donde Argentina estará representada por su canciller y donde seguramente el tema Haití será una de las cuestiones centrales.
Es probable que se acuerde una declaración sobre el tema, aunque persisten diferencias en la manera de abordar el problema.
En la Asamblea de Quito Argentina también aprovechará para reiterar su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, una cuestión que fue declarada por la OEA como ¨tema de permanente interés hemisférico¨.
La decisión de la Argentina de formar parte de este contingente ¨de paz¨ en Haití ya no tiene retorno. Pero habrá que revisar hacia atrás cómo fue el proceso para llegar a esa resolución, y ver hacia delante, con el paso del tiempo, si efectivamente este despliegue material y humano será útil para la vida de miles de personas que viven, en promedio, con menos de 30 dólares al mes y que desde hace 200 años ya sufrieron nada menos que 30 golpes de Estado.



